domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 19

Coloqué los libros en forma de torre dentro de mi taquilla, escuchando las taladrantes palabras de Hanna a las cuales aún no les había pillado el sentido. Había pasado prácticamente todo el fin de semana pensando en las palabras de Zayn y en aquellas cicatrices que cruzaban su espalda sin piedad alguna. Además de ello, le sumaba el hecho de la bronca gutural que recibí por parte de mi madre al llegar a casa, solo tenía en mi cabeza hueco y paciencia para dolores.

— Heäven, ¿me estás escuchando?
— No.

La mirada que me dirigió fue confusa y cerré la taquilla de un fuerte golpe, mirándola fijamente a los ojos.

— Me duele la cabeza. He tenido días duros y no puedo concentrarme. Lo siento.
— Déjame adivinas... ¿Tus problemas de concentración se resumen a un nombre que empieza por Z y termina por Ayn?

Puse los ojos en blanco y comencé a caminar hacia las afueras del edificio, justo a la zona del campo de fútbol donde se encontraban varios chicos jugando al fútbol. Sí. Admito que estaba buscando a Zayn con la mirada, pude encontrarlo sentado en una de las gradas mirando como jugaban. Sonreí de manera automática en cuanto mi mirada se encontró con la suya y éste sonrió de vuelta. Pude sentir una especie de electricidad en mi estómago y mordí mi labio inferior ante aquel contacto visual. 

Todo mi mundo de arco iris y flores se rompió en cuanto recibí un codazo por parte de Hanna. La fulminé con la mirada y se echó a reír en mi cara.

— Nena, deberías de disimular un poco. —sonrió de forma prometedora pero en cuanto su mirada volvió a fijarse en el campo, aquella sonrisa se transformó en una mueca de sorpresa, asco y asombro— ¡¿Qué es eso?! —exclamó, cogiéndome del brazo con fuerza.

Giré mi vista rápidamente hacia el campo de fútbol y busqué algo extraño con mi mirada. Pronto pude entender a qué se refería. Y me sorprendí al igual que ella, solo que seguramente no estaríamos sorprendidas por lo mismo. 

Habían unas cicatrices en forma de V invertida en su espalda, al igual que las que tenía Zayn. Mi mirada se paseó rápidamente de Zayn a Jèrome y una especie de escalofrío me recorrió el cuerpo ante el rostro endurecido del moreno. Jèrome no tardó mucho tiempo en ponerse una camiseta que le había obligado a quitarse a uno de los contrincantes con los que estaba jugando. Gracias a Dios, no llegaron a pelearse bruscamente. 

Hanna continuaba meneandome bruscamente el brazo, aún conmocionada por lo que había visto. 

— ¿Has visto esas pedazo de cicatrices que tenía en la espalda? —preguntó sin soltarme.
— Sí... Son raras, ¿verdad? —me alejé de allí, queriendo salir del campo de visión de aquellas dos personas. Hanna me pisaba los talones, aún mirando hacia el campo de fútbol. Sin pensármelo dos veces, me giré, mirándola— Hanna... Creo que esconden algo muy gordo.

Su mirada ojiazul se apagó ante varios parpadeos que ésta dio. Sus ojos se achinaron por un momento, al igual que su nariz se arrugó y pronto exclamó un:

— ¿Qué? 
— Esas cicatrices que le has visto a Jèrome... También las tiene Zayn en la espalda. Son iguales. Absolutamente. Son idénticas. —mi cabello se erizó y mi pulso se aceleró. Hanna por su parte parecía reírse de mí.
— ¿Cuándo has visto a Zayn sin camiseta? ¿Es esa la razón por la cual no te concentras?
— Hanna, no estoy bromeando. Lo digo muy en serio.
— Yo también.






Dejé la mochila sobre mi cama en el instante que entré en mi cuarto al dar un portazo. Dorothea había salido a hacer unos recados que le llevarían un par de semanas. Por suerte, mi madre estaba en casa y no me encontraba sola. ¿Lo mejor de todo? Que con ella sí que me sentía protegida las 24 horas del día.

Me senté frente al ordenador, dispuesta a buscar información sobre el trabajo de Literatura Hispana que tenía que realizar para la semana que viene. Sí, Hanna ahora mismo me estaría diciendo que era demasiado pronto. Yo a esto le llamaba responsabilidad y no querer dejarlo todo para el final. No pude evitar que mis pensamientos vagaran más allá de Hanna, y me encontré con Zayn e inevitablemente Jèrome en ellos. Mi ceño se frunció en el momento que recordé sus cicatrices conjuntas. Aquello era espeluznante y cualquier persona diría que incluso imposible. 

Presioné las teclas del teclado, escribiendo en la barra de Google "cicatrices con forma de V invertida". Me sorprendí cuando la primera página que me apreció decía:

> Ángeles caídos/Demonios.

> "Un Ángel caído es un ser sobrenatural, un Ángel malévolo. Con frecuencia se lo representa como una fuerza que puede ser conjurada o controlada, lo cual en estos casos es falsa. Son ángeles que fueron arrojados del cielo debido a que, de un modo u otro, sucumbieron ante los pecados terrenales. Algunos de ellos tomaron esa decisión por su propia cuenta. Contrario a lo que muchos creen, los ángeles caídos y los demonios son distintos. Un Demonio es un ángel caído de alto rango (es el equivalente a un arcángel). El rango se da según la antigüedad del caído o la gravedad del pecado que cometió. Incluso gana experiencia y "puntos" por su comportamiento una vez en la tierra. Cuando un ángel es despojado de sus alas y arrojado a la tierra, los arcángeles (que son los encargados de esa tarea) guardan una de las plumas para archivarla. Las otras se descomponen rápidamente. Hacen esto ya que, si quemas esa pluma, el ángel caído es encadenado al infierno, por lo tanto así lo mantienen a raya. Uno que otro ángel caído conserva una pluma con él, que es guardada cuidadosamente por propia seguridad. Lo único que separa a estos seres del resto es la puerta del olvido, la cual es vigilada por los ángeles. Aun así, es muy fácil abrirla, todo depende de quien quiera cruzarla."

Mi mirada se quedó paralizada frente al monitor. No sabiendo si echarme a reír o llorar. Parpadeé un par de veces cuando sentí mis ojos quemar, y, con bastante intriga, continué leyendo.

> "Los ángeles caídos vagan por la Tierra en busca de cuerpos humanos que acosar y controlar. Tientan a los humanos para que hagan el mal introduciendo pensamientos e imágenes en sus mentes. Si un ángel caído consigue pervertir a un humano, puede entrar en su cuerpo e influir sobre su personalidad y acciones. Sin embargo, la ocupación de un cuerpo humano por un ángel sólo puede ocurrir durante el mes hebreo de Jeshván. El Jeshván, conocido como el mes amargo, es el único que carece de festividades judías de importancia, lo que lo convierte en un mes profano. Durante el Jeshván, entre la luna nueva y la llena, los ángeles caídos invaden en masa los cuerpos humanos".

Mi lectura se interrumpió en el momento que alguien golpeó la puerta de mi cuarto con fuerza, haciéndome pegar un brinco de mi silla. Me giré, asustada y con le corazón latiéndome a 100 por segundo. Era mi madre.

— Heäven, va siendo hora de que te vayas arreglando.
— ¿Por qué? —fruncí el ceño.
— No te lo he dicho pero... vienen Brittany y su padre a cenar. Dúchate, arregla tu cuerpo y busca un vestido en tu armario. 

Antes de que pudiera protestar, desapareció por la puerta, dejándome totalmente anonadada... Pero para ser sinceros, aquel no era mi mayor problema. No. Mi problema ahora mismo era lo que acababa de leer. Era una locura. ¿Ángeles Caídos? Estamos en el planeta tierra, no en una película.

Lo cierto es que lo que me asustaba tanto de aquello era que no me costaba creérmelo. Había algo en Zayn, Jèrome y sus vidas que me era totalmente extraño y distante. Algo que les hacía no verse no humanos. Estaba aterrorizada y... prácticamente estupefacta. 



La noche llegó y con ello la maldita incomodidad de llevar puesto un vestido el cual no quería ni ver en pintura. El vestido que llevaba puesto era el que llevé en una de las últimas cenas familiares junto a mi padre. Desde que éste falleció no he vuelto a usarlo... No hasta hoy, que mi madre se empeñó en que si ella había pasado página y lo había superado yo también debía hacerlo. 

Suspiré cuando el timbre sonó. Salí de mi cuarto sin rechistar, vagando con mala gana hacia la parte baja de la casa donde cenaríamos y algo se removió en mis tripas en el instante en el que mi mirada se juntó con la de Brittany. Aún no podía creerme que, si lo que fuera que mi madre tuviera con ese señor, fuésemos hermanastras. Saludando de mala gana me senté en la mesa donde ya estaban todos los platos puestos. Mi madre se encargaría de servir la comida.

Ya había casado cerca de hora y media desde que habíamos empezado a cenar y por el momento solo se habían dedicado en hablar de los planes futuros de Brittany. Sobre a qué se dedicaría y sobre dónde se sanea el cabello. Aquello me estaba poniendo enferma... Pero nunca súper lo enferma que realmente me estaba poniendo hasta que decidieron postrar su atención en mí.

— ¿Y tú, Heäven? —la amabilidad del señor Strauss me removió las entrañas— ¿A qué quieres dedicarte? 

Me encogí de hombros, sintiendo después un codazo por parte de mi madre.

— No lo sé. Hay tantas cosas que no puedo decidirme. —mentí, sonriendo con desgana.
— Bióloga. —soltó mi madre— Es una amante de la biología. Le encanta, ¿A qué sí, Cielo?
— Sí. —aquello no sonó muy convincente y Brittany lo notó.
— ¿Cómo vas a querer ser Bióloga si tu nota más alta en Biología es un cinco? —se burló y yo no pude hacer otra cosa que echarme a reír.
— ¿Cómo vas a querer ser diseñadora de ropa si para eso hay que tener estilo? —contraataqué, llevándome el vaso a la boca y pegando un trago. 
— Heäven, no seas maleducada.

Cerré los ojos con fuerza, dejando la servilleta sobre la mesa y levantándome.

— ¿Me disculpáis? Me gustaría ir a dar una vuelta. No me encuentro bien, creo que es una bajada de tensión. Me gustaría tomar el aire. 

Mi mirada se dirigió hacia la de mi madre, y después hacia la del resto de personas sentadas en la mesa. Terminaron asintiendo con desgana y, sin ni si quiera pararme a coger una chaqueta o cualquier medio para abrigarme, salí por la puerta principal dando un portazo.

El frío enseguida me arropó y en mi mente una batalla de entre si volver a entrar a coger algo para abrigarme o si pasar y continuar se avivó. No. Definitivamente pasaría. Pasaba de hacer el ridículo. 

Comencé a andar sin rumbo fijo. Me conocía la zona de memoria. Podría vivir en el culo del mundo, pero aquello no quitaba que no me hubiese dedicado a pasearme más de una vez por las noches por la zona. Me abracé a mi misma, sintiendo mi piel congelada contra la cálida piel de mis manos pero mi tranquilidad no duró para siempre, puesto que escuché el crujido de unas ramas. Inconscientemente me giré, buscando a alguien o algo que diera respuesta a la cantidad de paranoias que se me estaban pasando por la cabeza.

No había rastro de nada. Suspiré, sintiendo los latidos de mi corazón calmarse pero cuando me giré di un brinco tan sumamente grande que si no hubiese sido porque me habían cogido firmemente de la cintura me habría caído al suelo. Se trataba de Samuel.

— Sa-Samuel... —tartamudeé, tragando saliva con dificultad y quitándole las manos de mi cintura.
— ¿Estás bien? —preguntó, su voz sonó un tanto ronca y sus ojos parecían estar inyectados en sangre.

Asentí, desconfiada y me alejé un poco más de él.

— ¿Qué haces por aquí? —me atreví a preguntar.
— Venía a buscarte. —me quedé callada, esperando a que prosiguiera— Necesitaba proponerte algo.

Se balanceó un poco, desequilibrado y dio una zancada hacia mí, cogiéndome firmemente por la cintura otra vez. Su aliento apestaba a alcohol y mis manos se posaron fuertemente sobre sus antebrazos, queriéndolo alejar de mí.

— Hemos planeado Jayden y yo irnos de acampada este fin de semana. Se lo hemos comentado a Hanna y ha dicho que sí. Por favor, di que vendrás con nosotros tú también. 
— Samuel... yo no... —quise continuar pero la voz de alguien conocido me hizo parar en seco.
— Suéltala.

Samuel sonrió, algo irónico y de inmediato me soltó. Su mirada se fijó en una silueta que se encontraba tras de mí y me giré. Era Zayn... y a su lado estaba Jèrome. 

— Shh... tranquilo, amigo. Toda tuya. —Samuel sonrió aún con aquel toque irónico y se alejó de mi con ambas manos alzadas— Por ahora. 
— Vete de aquí si no quieres que esto termine peor. —los ojos de Zayn eran oscuros como la noche y profundos como el mar. Taladraban a Samuel sin pudor alguno, intimidándolo. Pude notar todo su cabreo en la vena de su cuello que estaba asomando... como si toda la sangre de su cuerpo se concentrara allí y aquella vena fuese su corazón. ¿Los ángeles caídos tendrían corazón?

Samuel me dedicó una mirada complice, y tras lanzarme un beso y reírse, desapareció entre los arbustos. Miré a Zayn, confusa y algo decepcionada.

— ¿Por qué le has dicho eso? Está borracho. No es bueno que esté solo.
— Tampoco es bueno que estés tú sola, y menos con él borracho.

Jèrome parecía no hablar. Simplemente observaba la situación del mismo modo en la que Zayn lo había hecho antes.

— ¿Qué hacéis vosotros aquí? 
— Teníamos cosas que hacer. Vuelve a tu casa. 

Zayn me hizo una seña con la cabeza, indicándome hacia mi casa pero yo simplemente me crucé de brazos y miré a Jèrome.

— Yo mejor voy encendiendo el coche. Te espero ahí, Zayn.

Zayn no apartó la mirada de mí, yo en cambio seguí a Jèrome con la mirada, incomodada e intimidada por la presencia del moreno.

— ¿Qué hacías dando vueltas tú sola y a estas horas?
— Tenía cosas que hacer. Vuelve a tu casa. —le repetí, sonriendo con falsedad y pasando por su lado, dándole un golpe con el hombro en su brazo de forma brusca. ÉL no pareció moverse y me cogió por la cintura, recostando mi espalda con suavidad contra el tronco de un árbol— Vaya. ¿Vas a abusar de mí? —lo miré, enarcando una ceja.

Zayn rió son suavidad, sujetando mis muñecas con firmeza.

— No sería abusar. Eres bastante receptiva cuando se trata de mí. —relamió sus labios contactó directamente con mis ojos. Llevaba razón— Heäven... va a ser la última vez que te lo diga.
— Sabes que no. Que me lo vas a decir más veces. —contradije.
— Bien... No quiero que estés cerca de Samuel. Tampoco de Jayden.
— Aún no me has dicho el por qué.
— No son de fíar. Ya te dije que te quieren a ti y no es para nada nuevo. —su agarre se suavizó y ahora posó sus manos en mi cintura con suavidad.— Prometeme que vas a alejarte de ellos. Por favor.
— Lo haré si contestas a mi pregunta.

El moreno suspiró cansado.

— ¿Qué?
— ¿Crees en el infierno? —mis ojos lo miraron con curiosidad y pude ver como el negro intenso volvía a aparecer en sus ojos. Se mantuvo firme.
— ¿Crees en el cielo? —contraatacó. 
— No.
— Pues yo sí. Lo tengo delante ahora mismo. 

Capítulo 18

Me quedé mirándolo con seriedad, aún recapacitando las palabras que éste acababa de soltar. "Te quieren a ti". Aquella frase se repetía en mi cabeza una y otra vez, intentando buscar una respuesta lógica para contestarle. Mis ojos en cambio, seguían clavados en su silueta. Se mostraba tan tranquilo... Me ponía nerviosa. 

— ¿Qué quieres decir con que me quieren a mí?

Sus ojos se alzaron para encontrarse con los míos y sonrió.

— Lo que oyes. 
— ¿Por qué? 
— Porque eres lo que ellos necesitan, Heäven. 
— No entiendo qué quieres decir con eso.
— Por supuesto que no lo entiendes. Tampoco esperaba que lo hicieras.

Tomé una bocanada de aire nerviosa y pude escucharlo suspirar. A continuación, volvió a hablar.

— ¿Nunca te has molestado en investigarles? —me miró enarcando una ceja. Yo hice lo mismo— Quiero decir, no sabes nada de ellos. ¿No?
— ¿Tú los investigarías?

Sonrió.

— ¿Y por qué no hacerlo? 
— No me han dado motivos para desconfiar. 

Sus ojos se tornaron algo más oscuros y una especie de dureza se apoderó de su rostro. No dijo nada. Simplemente se quedó callado, serio y mirándome. La piel se me puso de gallina y no supe si se debía al gran escalofrío que había recorrido mi cuerpo se debía al tremendo frío que hacía puesto que entraba el aire por la ventana o a que él mismo me daba miedo.

Era una especie de diablo. Era el hijo del diablo. Un exquisito manjar el que estaba dispuesto a probar. Lo tenía más que claro.

Me abracé algo más, sintiendo como la yema de mis dedos e incluso mis uñas se clavaban en mis brazos y pude escucharlo reír. No lo miré pero sin embargo supe que se levantó puesto que la luz fue aún más oscura cuando éste se acercó a mí. 

Sentí el tacto de su cálida piel recorriéndome el brazo y nuevamente mi piel reacción ante aquello. Moví mi mirada lentamente hacia su rostro y me morí de vergüenza en el momento que fui consciente de que lo único que se escuchaba, a parte del sonido de la lluvia, eran los latidos de mi corazón... Los cuales latían como si me fueran a romper las costillas.

— Tienes frío. —dijo en un tono bajo, acercándose un poco más y colocando una de sus manos sobre mi desnuda cintura. Hundiendo sus dedos en mi piel— Podríamos arreglar eso, ¿Sabes?

Solté un suspiro. ¿O fue un jadeo? No estaba segura. Solo sé que mi pecho iba a estallar y que desde que sus dedos se habían dedicado a dejar caricias en mi brazo había dejado de sentir aquel frío infernal. Sin darme cuenta, sentí el ardor de su aliento sobre mi cuello, probocándome pequeñas taquicardias. De aquello estaba segura. La punta de su nariz rozó la curvatura de mi cuello y sin pensarlo moví mi cabeza hacia el lado contrario, haciendo que mi cuello se estirara para así invitarlo a hacer lo que quisiera con él.

¡Mal! ¡Siempre hacías lo mismo!

Cerré mis ojos en el momento que la suave piel de sus labios se posó sobre mi clavícula y la calidez de la punta de su lengua recorrió aquella zona. Me iba a desmayar y mis piernas comenzaban a temblar y adormecerse.

Sin quererlo, una de mis manos se posó sobre su hombro, el cual se encontraba cubierto ya por una camiseta. Mis dedos se apretaron bruscamente en aquella zona y fue entonces cuando su mano abandonó mi cintura para dirigirla hacia mi muñeca. Con ambas manos impidió el movimiento de las mías, colocándolas tras mi espalda y empotrándome con suavidad contra una de las paredes.

No sé cuando había ocurrido, pero la luz se había ido y yo no había sido consciente de aquello. Era patético que cuando se trataba de Zayn, solo existía él y lo demás me importaba una mierda. Sí. Definitivamente sí. Era muy patético. 

— Las manos quietas... —susurró contra mis labios, rozándolos con sus labios con suavidad. Su aliento chocaba contra mi boca con suavidad. Menta. Delicioso, como él. La menta quemaba... Como él— A no ser que las vayas a usar para tocarme otra cosa.

Viva el romanticismo.

Mis ojos, los cuales si fueran bolas de helado ya estarían derretidos, se fijaron en los suyos. Cercanos... podía sentir como mis pestañas y las suyas prácticamente se rozaban y el roce continuo de su nariz con la mía me deleitaba. Mi cuerpo palpitaba en todas las zonas existentes posibles. Estaba completamente fuera de control y todo por su culpa. Una vez más.

— ¿Por qué me haces esto? —aquello salió de mi boca sin previo aviso y pude sentir sus sonrisa contra mis labios.
— ¿Hacerte el qué? 

La yema de sus dedos acariciaban con lentitud mis muñecas y más tarde depositó un beso lento en mi comisura, comenzando a delinear mi mentón con sus labios. Otro jadeo salió de mi boca y ahora sus manos abandonaron mis muñecas y se posaron sin temor alguno sobre mis caderas, encima de mis bragas. Me había liberado. Yo sin embargo dejé mis manos donde estaban, inmóviles ante sus besos los cuales surcaban lentamente las zonas de mi cuello y clavícula. Sus dedos jugaron con la tira de mis bragas, algo torpes pero con total control. Condujo uno de sus dedos por dentro de la tira elástica de éstas, haciéndome sentir pequeños calambres en mi espina dorsal y antes de que yo pudiera protestar, el roce de sus labios contra los míos me callaron y con lentitud y elegancia se apoderó de mis labios en un juego en el que yo era la sumisa. Sin dudarlo ni un segundo, mi boca se abrió a la suya y nuestras lenguas se encontraron. Siendo un encuentro dulce y deleitador. Un encuentro magnético y eléctrico. Tan sumamente escalofriante que lo hacía la droga más adictiva del mundo. 

Mis labios se amoldaron a los suyos a la perfección y sus manos ahora volvieron a coger mis muñecas para alzarlas hasta su cuello y así colocarlas alrededor de éste. Gemí contra sus labios en cuanto sus manos tocaron mi trasero y de un impulso salté para así enrollar mis piernas alrededor de su cadera. Me sujetó fuertemente contra él y mis manos vagaron hacia su rostro, queriendo atraer su rostro más hacia el mío para así intensificar aquel beso. Necesitaba sentirlo. Quería gritar lo mucho que lo necesitaba. Tenía hasta ganas de llorar, porque la frustración de querer más de él y no poder conseguirlo me estaba asfixiando internamente. 

Sus manos recorrieron mis muslos con lentitud, cogiéndome firmemente para alzarme algo más contra él y nuestros pechos chocaron. Estaban tan juntos que ni un alfiler podría pasar entre nuestros pechos. Mi respiración era agitada y antes de que me diera cuenta me encontraba sentada sobre sus piernas y él sobre el colchón. 

Dejé de besarlo ante la extrema necesidad de necesitar aire y su mano se colocó con suavidad en mi cuello, acariciando con la yema de mis dedos éste para después dejar un mechón de mi cabello tras mi oreja. Sonrió e inevitablemente yo hice lo mismo. Mi pecho subía y bajaba, rozando el suyo con lentitud.


— Tienes los labios hinchados. —soltó, mirándolos con una sonrisa sincera y luego sus ojos se encontraron con los míos— Eres preciosa.


¿Qué había dicho? Parpadeé con lentitud, sintiendo como mis mejillas enrojecían bruscamente y un revoloteó de mariposas invadían mi estómago. No. Que dijera aquello no formaba parte de mis planes. Nunca me lo habría imaginado. No de él.


— Y estás todavía más guapa cuando dejas que se te alborote el pelo. —pasó su lengua por sus propios labios, humedeciéndolos y me quedé atónita ante aquel perfecto movimiento.


Avancé mi rostro hacia el suyo para volver a capturar sus labios pero él me lo impidió, girando la cara de una forma inesperada. Fruncí el ceño. ¿A qué narices estaba jugando?


— Heäven, te había dicho que iba a encargarme de quitarte el frío. —escupió, son una pequeña risa en su voz que me hizo sonrojar.
— ¿Y si te pido más? ¿Qué pasa? —me atreví a pregunta.

Su rostro se giró y volvió a mirarme a los ojos. Su mano acarició mi mejilla y con su dedo pulgar tocó mi labio inferior. Parecía examinarlo, pues sus ojos se centraron en mis labios.

— Que no te lo puedo dar. 

Fruncí el ceño ante aquello.

— Tú misma lo has dicho, Ángel. No confías en mí. —me volvió a mirar— ¿Piensas entregarle tu virginidad a alguien en quien no confías? ¿En alguien al que tienes miedo? 

Me quedé congelada ante sus palabras y de algún modo u otro, sentí ganas de llorar.

— Zayn... yo... —balbuceé, avergonzada y agachando la mirada. Éste colocó su dedo índice sobre mi barbilla y me alzó el rostro para mirarlo de nuevo.
— No tiene por qué decir nada. Si fuera tú, también estaría asustada de mí mismo.
— ¿Por qué?
— Porque no soy un ángel.

Sentí una punzada en el pecho y me moví encima de él para quedar más cerca. Sujeté con posesión el colgante de plata que rodeaba su cuello.

— Pero jamás te haría daño. Eso te lo puedo asegurar. —murmuró con la voz perdida— Algún día estarás preparada para saberlo todo. Algún día... puede que incluso pueda compartir contigo todo lo que soy y fui. Sobretodo lo que fui y que por alguna razón... tú has cambiado en mí. Y lo único que de verdad quiero que tomes en cuenta de todo lo que te estoy diciendo, es que no te fíes de ellos. No son buenos. —sus ojos se oscurecieron nuevamente— No buscan nada bueno... Y no te quieren para nada bueno.

Capítulo 17

— Bésame —le ordené por fin.


Una lenta sonrisa lineal se postró en su rostro, con sus ojos clavados en mis labios. Juro por Dios que estaba a punto de pegar un salto, rodear su cintura con mis piernas y besarlo pero me encontraba totalmente paralizada, más aún cuando su mano se colocó en mi rostro y la suave yema de su dedo pulgar hizo contacto directo con la piel sensible de mi labio inferior. 


— ¿Segura? —susurró y un suspiro por su parte chocó contra mis labios, haciendo que éstos se entreabrieran al instante y mis párpados cayeran— No te convengo, Heäven. 


Mis ojos continuaron cerrados a causa del increíble roce de sus dedos sobre mi piel y labios. Una auténtica delicia. Abrí los ojos lentamente, encontrándome con las perfectas facciones de su rostro a escasos centímetros del mío. Incitándome a que mordiera cada una de sus anatomías, trazadas con cuidado. Habiendo hecho la perfección.


— Bésame... —volví a pedirle, ésta vez en un tono de súplica y desesperación. Mis brazos se posaron sobre su pecho y mis ojos aún seguían clavados en sus labios.


Sin pensarlo más, me puse de puntillas y capturé su labio inferior entre mis dientes, tirando de éste para después llevar una de mis manos hacia su cuello y atraerlo más hacia mí, de tal manera que mis labios lograron rozar los suyos completamente. Hundiéndome con él en un beso. 

Sus labios se entreabrieron, lentamente pero sin dejar de lado la desesperación. La suavidad de su lengua me invadió, sintiendo como ambas lenguas se rozaban y peleaban por mandar en aquel beso el cual ahora se había vuelto algo más salvaje y feroz. Definitivamente, ésta era una de las mejores sensaciones que había sentido en mi vida. La calidez de él en sí. No solo la de su boca, si no la que lograba trasmitirme con cada uno de sus roces. El roce de su nariz contra mi nariz, sentir sus largas pestañas rozar con suavidad de vez en cuando mis mejillas... Era todo una maravilla.

Mis brazos rodearon su cuello rápidamente, sintiendo la necesidad de unir nuestros cuerpos al cien por cien y sin dejar que una gota de aire se colara entre nosotros. Sentí como la toalla que llevaba puesta aflojó, pero se mantuvo firme a causa de que nuestros cuerpos estaban pegados. Zayn llevó una de sus manos hacia mi rostro, deslizándola hacia mi cuello y acercándome más a él. Fue entonces cuando decidió echarse un poco hacia atrás pero sin dejar de besarme, haciendo que la toalla cayera al suelo y solo estuviese cubierta por mi ropa interior. 

De un pequeño impulso, me senté sobre el tocador, abriendo mis piernas para que el cuerpo de Zayn se acomodara entre éstas. Así lo hizo. Su mano se deslizó desde mi cuello hasta mi hombro, haciendo que el tirante de mi sujetador cayera por mi brazo hasta por encima de mi codo. 

Mi cuerpo ardía. Y es que cuando me encontraba cerca de él todo se convertía en un fuego negro. Un fuego oscuro. Maldito. Como el mismísimo infierno. Y es que Zayn, era el infierno convertido en humano. De eso estaba totalmente segura. Ante la desesperación, no pude evitar gruñir contra sus labios y mis piernas se apretaron más alrededor de sus caderas, haciendo que su pelvis chocara contra mi zona más íntima y así soltar un suspiro de frustración contra sus labios.

Perfecto. Aquello alimentó su ego, puesto que una sonrisa bastante audáz despegó de entre sus labios haciendo que de alguna forma u otra, el deseo ardiera más en mi interior.


— Quítame el sujetador... —pedí inconscientemente.


No. Definitivamente aquella no era yo.


— No vayas tan rápido... —susurró contra mis labios, teniéndome completamente embobada. Su rostro vagó acariciando mi mejilla con sus labios y paró en mi oído— Puedes ser toda mía... ten claro que pienso disfrutarte y la desesperación y rapidez no están en mis planes. 


Cuando pensé que aquel hombre no podría frustrarme más; me equivoqué. Claro que podía, y lo peor de todo es que cada vez que se lo hacía dudar, el daba un paso por delante de mí. Ganándome en aquella batalla que ninguno de los dos estábamos dispuestos a perder. La cosa era... ¿Hasta dónde pretendíamos llegar?

Me sentí más vulnerable cuando sus labios juguetearon con la suave piel de debajo de mi oído, haciendo que su lengua dejara leves masajes sobre aquella zona que sin duda me llevaron a querer ahogarme en un fuego infernal. Mis párpados cayeron y simplemente me limité a dejarme llevar por sus besos. Cálidos. Rodeé su cuello con mis brazos y dejé que mis manos cayeran por su espalda. Acaricié ésta y fue entonces cuando noté como la piel dejaba de ser suave para convertirse en áspera y a comparación del resto de la piel que estaba tocando, se elevaba sobre su piel. Parecía una cicatriz. Por alguna extraña razón quize continuar tocando. No me daba asco ni miedo experimentar con aquello. Todo en él era tan terriblemente perfecto que hasta una cicatriz me parecía un símbolo de la más sobrehumana perfección en él.

Antes de poder avanzar con aquello, sentí un frío invadirme y abrí mis ojos. Zayn se había apartado de mí por completo y ni si quiera me miraba pero pude notar como sus ojos oscurecían y enseguida salió del baño a toda prisa. Me dejó desquiciada... pero sobretodo anonadada ¿Qué había sido eso? ¿Por qué lo había hecho?

Cuando salí del baño y lo vi vistiéndose nuevamente, un repentino miedo me azotó y lo miré. Sobresaltada.


— ¿Qué ha pasado? —susurré, aterrada.
— Nada. 


Tajante.


— ¿Cómo que nada? Estábamos... estábamos bien. —aquello lo dije con miedo, sintiendo el frío invadirme. La ventana estaba abierta y las cortinas se movían al son del viento.
— Ha sido suficiente. 


Se encogió de hombros y se sentó sobre el colchón, sacando del bolsillo de sus pantalones un paquete de cigarrillos. Sacó uno y lo encendió. ¿Quería hacer como que nada de ésto había pasado? Bien. Pues así sería. Pero yo misma tenía más que claro que esto no se iba a quedar así.


— ¿Qué tienes en la espalda? —pregunté de repente. 


Pude notar como aquella pregunta le incomodó, puesto que sus hombros de tensaron al igual que su rostro el cual se encontraba clavado en el suelo. Ni si quiera me miró, simplemente se limitó a tirar el humo por la boca de una manera tan jodidamente sexy que si no fuera porque ahora mismo estaba en posición de defensa me habría arrodillado ante él. Literalmente. 


— Unas cicatrices. —soltó sin más y me miró— ¿Por qué? ¿Es algo malo?
— Eran muy grandes.
— Ya. Hay otra cosa que tengo más grande y no preguntas. 


Sentí como mis mejillas enrojecían de forma bestial pero mi mirada no se apartó de la suya.


— ¿Peleas callejeras? ¿Algún pasado lejano del cual huyas?


Me crucé de brazos, olvidando por completo que me encontraba solamente en mi ropa interior. Vaya, por lo menos esperaba que él pudiera disfrutar de ello.


— Tú sabrás. Eres tú la que ha cogido mi expediente académico para ver si soy alguna especie de psicópata. ¿O no? 


Parpadeé un par de veces, sorprendida por aquella contestación.


— ¿Prefieres que rebusque en tu historial o que te pregunte a ti de frente? No. No confío en ti.
— ¿De verdad lo dices? —echó la cabeza hacia atrás, riendo, como si le hubiese contado un chiste— Bueno... pues tu forma de demostrar la desconfianza me sorprende.
— Soy una caja de sorpresas.
— Ya lo creo. A saber que escondes debajo de ese sujetador. 


Éste frunció los labios para evitar que una sonrisa se le escapara y le delatara. Sí. Se lo estaba pasando realmente bien. Pero lo gracioso es que cuando se trataba de hablar de él, todo se convertía en oscuridad... En cambio cuando hablábamos de mi, su rostro se tornaba en un completo cuento de hadas. Parecía hasta feliz.


— ¿Por qué estás tan interesado en cualquier cosa que venga de mí?
— ¿Interesado? —enarcó una ceja— Estoy fascinado. Eres realmente entretenida. Me gusta pasar tiempo contigo... sobretodo cuando estás en ropa interior. Es un gran espectáculo. Ya que estás podrías hacerme un stripties. 


Su sonrisa se tornó en una de pirata y se recostó sobre la cama, apoyándose sobre sus codos para estar erguido y poder observarme mejor. Como acomodándose para que yo le diera pie a un gran espectáculo de cabaret. Sí. Definitivamente se estaba riendo de mí. 

Me quedé inmóvil, mirándolo con un deje de fastidio que él enseguida pudo notar. Luego abrió la boca para hablar y dijo:


— Dime... ¿A Samuel y Jayden también les robas el expediente o eres más directa? Quiero decir... ¿Les dices que quieres tema sin informarte de su pasado o les haces como a mí? —volvió a llevarse el cigarrillo a los labios y sin dejar de mirarme dio una calada. Imbécil.
— En ellos confío.
— No deberías.
— ¿Por qué no?
— Créeme, les conozco bien y sé lo que quieren y lo que buscan.
— ¿Ah sí? —sonreí con ironía— ¿Y qué quieren?
— Te quieren a ti. 

Capítulo 16

Mis ojos se entornaron al entrar en aquel cuarto oscuro, intentando divisar mejor lo que teniamos frente a nuestros ojos. La luz repentina me cegó y me giré, encontrándome a Zayn con su mano en el interructor. Según nos había informado el recepcionsita, llevaban desde que la tormenta había comenzado con problemas de electricidad... con lo cual nos había prestado un par de velas para encender cuando la luz fallara. Estaba claro que iba a pasar aquello.

Clavé mi mirada en la gran cama que se encontraba en el centro de aquel cuarto, perféctamente arreglada y mi vista se dirigió hacia la silueta de Zayn. Éste dejó las velas sobre una pequeña mesa redonda que había a unos metros de la cama y seguido de ello me miró.

— Voy a volver al coche a por un par de cosas. —comentó.
— Está lejos...
— Ya, te dará tiempo a ducharte. Volveré en media hora o incluso antes. No te preocupes por mí.

Me guiñó un ojo, mostrando su alter ego nuevamente y más tarde desapareció por la puerta. Mis ojos se entornaron y enseguida me deshice de la ropa para minutos después meterme en la bañera.

Los minutos pasaron y mi tranquilidad estaba a flor de piel. Me encontraba relajada, sintiendo como el agua cálida quemaba cada uno de los poros de mi piel. Verdaderamente aquello era lo que necesitaba. Pero mis ojos se abrieron de par en par, dando un pequeño respingo en cuanto escuché un ruido provenir de la habitación y la luz del baño se apagó. Continué escuchando ruidos y me pregunté si sería Zayn... aunque ¿cuánto tiempo había pasado? Verdaderamente había perdido la noción del tiempo desde que me había sumergido en mi mundo paralelo.

Una vez salí de la bañera y me encontré envuelta en la toalla, abrí la puerta del baño para entonces encontrarme con la luz tenua de las velas. Zayn se encontraba sentado sobre la cama, desabrochándose las deportivas negras.

— ¿Tú no estabas en el coche?
— Ya he vuelto. —contestó, sonriendo levemente y sin apartar la mirada de sus zapatillas. Una vez se las desabrochó se levantó y se quitó la camiseta ¿Qué hacía?
— ¿Qué haces?
— Voy a ducharme. 

Su mirada me recorrió con lentitud y deseo. Maldita sea. Sentí cómo me estremecí ante el tacto de su mirada y enseguida me crucé de brazos, aguantando más la toalla a mi cuerpo.

— ¿Pensabas ducharte conmigo dentro? —pregunté indignada. O más bien, haciéndome la indignada.
— Nena, deberías de relajarte un poco.

Una risa salió de entre sus labios mientras ahora dirigía sus manos hacia su pantalón y lo desabrochó sin dejar de mirarme. Sentí como mis mejillas ardían. Vale, me estaba poniendo roja y eso no sería buena señal. 

— ¿No vas a querer repetir la ducha conmigo?

Aquella sonrisa se tornó en una bastante pícara, una la cual prometía cosas y no precisamente buenas. Mi mirada se fijó en la suya e involuntariamente una pequeña sonrisa ladina se plasmó en mi rostro.

— No. —espeté sin más.

Zayn caminó hacia mí y se quedó alejado unos escasos centímetros. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo hacia el mío.

— ¿Segura que no? —sonrió antes de que yo me diese cuenta, éste se encontraba acariciando con una de sus manos la curvatura de mi cuello hacia mi hombro— podría frotarte la espalda... estoy seguro de que ahí no has llegado a enjabonarte. —pude sentir una sonrisa de burla en su voz y entonces acercó su rostro hacia mi oído— y tú también podrías frotarme otra cosa. 
— Ni en tus sueños más salvajes, cielo. —contesté, plantándole cara con una gran sonrisa.

El moreno relamió sus labios sin apartar sus ojos de los míos. Ninguno de los dos dijimos nada, simplemente nos dejamos invadir por el silencio hasta que yo decidí poner una de mis manos sobre su pecho y apartarlo con suavidad.

— Dúchate, anda. —musité, caminando hacia la cama y me senté sobre ésta. 


La puerta del baño se abrió minutos más tarde, dejando al descubierto a un Zayn con el cabello totalmente mojado, negro y rebelde. Tragué saliva, incómoda y ¿estaba temblando? Parpadeé un par de veces ante mi desconcentración y me levanté de la cama, aún cubierta por aquella toalla pero con la ropa interior puesta. Estaba esperando a que la ropa que había traido puesta se secara.

— ¿Todavía sigues así? 
— Mi ropa aún no está seca. —me encogí de hombros, pasando por su lado y entrando en el baño nuevamenta para ponerme frente al espejo del tocador, dispuesa a peinarme. 

Mis dedos se deslizaron con cuidado por mi cabello, intentando desenredarlo un poco primero y sentí la fija mirada del moreno en mí. Resoplé, apoyando con fuerza mis manos sobre el tocador y lo miré. Una sonrisa pirata cruzó su rostro, apoyado sobre el marco de la puerta y las gotas de agua delineando su perfecto torso. Maldito bastardo.

— ¿Qué? —espeté, enfadada.
— Nada... me haces gracia.
— Oh, vaya.

Abrí uno de los cajones del tocador, sacando uno de los típicos peines que ponían los hoteles para los inquilinos y su estancia. Puede que este motel no fuese nada del otro mundo pero se preocupaban bastante por la estancia de las personas que decidiesen pasar aquí las noches. Hundí aquel peine blanco de plástico en mi cabello rojizo. 

Repentinamente, la silueta de Zayn se puso detrás mía, desviando mi mirada de mi reflejo hacia el suyo. Su cabeza asomaba una cabeza y media por encima de mi hombro y su mirada casi más oscura que el carbón me erizó la piel al completo. Una mirada que sin duda alguna era imposible descifrar... Nunca nadie sabía -excepto él- qué estaba tramando. 

— ¿Qué quieres ahora? —pregunté cansada, esconciendo mis nervios.

El moreno humedeció sus labios y una de sus manos se posaron sobre mi hombro descubierto, acariciando el fino y negro tirante de mi sujetador de encaje. No. Aquello no me olía bien... ¿o sí?

— Zayn... no. —murmuré, cerrando los ojos ante el tacto. 
— Tenemos algo pendiente... —susurró, acercándose más a mí. Pude notarlo a causa del repentino calor que me invadió.

Sin pensarlo me giré, apoyando mis manos sobre el tocador y teniéndolo relativamente cerca. Alcé mi rostro, mirando el suyo cercano y perfecto. 

— En el caso de que quieras que pase algo... —comencé a hablar, disminuyendo el tono de mi voz conforme continuaba— será mejor que empieces besándome. ¿No?

Mis ojos se fijaron en sus rosados labios. Su mano se depositó sobre mi cintura y dejó un leve apretón, atrayéndome algo más a él. Tragué saliva, sintiendo la necesidad de lanzarme a él pero a la vez de correr lo más lejos posible. Mi cabeza gritaba peligro y mi corazón que saltara al vacío. ¿Debía hacer caso a la razón o a los sentimientos?

— Bésame. —ordené por fin. 

Capítulo 15

El taxi me dejó parada frente a uno de los bares con más clientela a estas horas. No por placer suyo, sino porque yo se lo pedí ya que era bastante tarde y no me conocía el lugar… A parte de que, según me había el taxista, no conocía ninguna calle con la dirección que había apuntada en el papel. Extraño y bastante espeluznante. 

Rasqué mi nariz ante el congelado y me abracé con bastante fuerza, sintiendo la brisa fría traspasarme como cuchillas. No había elegido un buen día para adivinar el acertijo pero no daría marcha atrás. 

Caminé por las calles húmedas de Portland, parando a cualquier persona que se me cruzara por el camino que supiese dónde paraba la calle que estaba buscando… o más bien la tienda. Nadie decía nada. Nadie sabía nada y muchos otros simplemente me ignoraban y pasaban de largo. Hasta ahora todos jóvenes o de edades medianas. ¿Es que acaso no había alguien lo suficientemente educado e implicado en la ciudad de Portland como para poder ayudarme? 

Mi mirada se quedó estática en una señora mayor que se encontraba doblando una de las esquinas del final de la calle… proviniendo seguramente de calles oscuras las cuales la gente no pisaría ni loca. Las ancianas siempre eran más educadas y amables que los jóvenes y aunque parecía mentira, en mí alrededor todo eran jóvenes. 

Con una tímida sonrisa camine hacia la anciana que ya había avanzado unos pasos y en cuanto me quedé a escasos metros de ella, ésta alzó su mirada. Azul grisáceo y… juraría que uno de sus ojos era de cristal. Aquello me impactó repentinamente la calle estaba vacía, con dos o tres personas merodeando por ésta. Fijé mi mirada nuevamente en la señora, quien continuaba mirándome fijamente y como una estatua. Aquello asustaba. 


Disculpe… —aclaré mi garganta, queriendo sonar alto y claro. La anciana no se movió. Ni si quiera parpadeó. — Ehm… verá, necesito ayuda. No soy de aquí. —hice una mueca indicando mi desaprobación en el asunto y la anciana pareció ceder a mis plegarías. Gracias Señor. — ¿Me podría decir dónde está esta calle? Nadie ha podido ayudarme… —expliqué mostrándole la nota en la que estaba garabateada aquel nombre. La anciana se quedó mirándola por un momento y luego volvió a fijar su mirada en mí.
Esta calle hace años que no existe. Por no decir siglos. —balbuceó..
Cómo… ¿Cómo que no existe? —pregunté algo atónita, tartamudeando incluso.
No… Quiero decir el nombre. Ya no se llama así y ni si quiera es una calle. Decidieron derrumbar los edificios de alrededor para construir una especie de templo o algo así. No sé muy bien de qué se trata la verdad. —continuó hablando la anciana. 
¿Un templo? —mi ceño se frunció. Me estaba volviendo loca— ¿Me podría llevar hacia ese templo? 


La anciana me miró de arriba abajo con cierto reproche. Seguramente la estaría molestando peor no había venido aquí para irme sin saber nada. Ésta, finalmente, dio media vuelta y comenzó a caminar, indicándome con la cabeza que la siguiera y así lo hice.


¿Por qué está interesada en ir ahí, jovencita?
No lo sé. Necesito resolver unas dudas. —contesté.
La curiosidad mató al gato. —canturreó.


Durante el camino yo me mantuve callada, al contrario que la señora mayor, quien contaba sus historias durante su juventud. Poco entretenidas.


Te puedo acompañar hasta aquí, joven. —dijo en un tono casi inaudible— El templo está al fondo de ésta calle a mano izquierda. Lo verás porque son todo ruinas. 
Gracias… —murmuré tragando saliva algo asustada.
No te preocupes. No suele haber nadie por aquí. Suerte con tus curiosidades, pequeña.


Tras decir aquello, palmeó mi espalda y desapareció por donde habíamos venido. Un impulso descomunal de seguirla y así volver por donde había venido me desgarró pero… como ya había dicho, no había venido aquí en vano. Había venido para cerrar algún caso. 

Hice lo que la anciana me había ordenado y, como ella había dicho, enseguida identifiqué las ruinas. Lo único que podía escucharse era el ruido de los matorrales y árboles a causa del viento acompañado de algunos búhos. El templo era bastante escalofriante. Más que un templo, parecía una especie de iglesia pero no la típica iglesia… las figuras que decoraban su estructura gótica era bastante siniestra y la gran figura del arcángel Gabriel adoraba el centro de la puerta. Me estremecí ante la soledad, frío y miedo que ahora mismo estaba sintiendo. Quizá había sido una mala idea venir. No. Quizá no. Había sido una mala idea. Había sido la peor idea que había tenido en mi vida.

En cuanto me adentré en el viejo templo, el ruido de mis pisadas acompañado del sonido crucial de los crujidos de la madera y la puerta acompañaron al ambiente. Solo se escuchaba eco. Eco y más eco. ¿Debía de estar tranquila?


¿Hola? —alcé mi voz, provocando nuevamente aquel eco molesto y rotundo.


El ruido de algo golpear el suelo me alertó y me giré a uno de mis lados, observando una caja de madera que había sido lanzada desde lo más alto. Mi ceño se frunció y caminé hacia ésta, cogiéndola ente mis manos. En ese momento no me había parado a pensar en el hecho de que habían tirado la caja y de que ésta no había caído sola. O quizá sí.

La caja tenía una pequeña obertura, justo en el centro y sin dudarlo la abrí viendo como una pequeña muñeca bailarina aparecía, acompañada de un espejo lleno de polvo. Un sonido un tanto roto comenzó a sonar, parecía música. Era música. La bailarían acompañó a la música en un movimiento circulatorio de ballet. Mis ojos ahora se fijaron en unos papeles que se encontraban en la caja y me dispuse a cogerlos. Eran fotos, fotos con fechas grabadas en su reverso. 

“18/11/1995” la imagen de un hombre esbelto, con barba y algo de melenita, sujetando a una bebé recién nacido en brazos. 

Mi estómago se encogió en cuanto reconocí a aquel señor. Era el señor Strauss y… la niña qué sujetaba debía de ser Brittany. Aunque las fechas concordaban con días después de mi nacimiento. El 11 de Noviembre de 1995 y según tenía entendido, Brittany era del 94 a pesar de ir a mi curso. Había repetido un año por motivos personales. Negué con la cabeza y continué mirando fotos, fue entonces cuando me percaté de que en una de las fotos aparecían el señor Strauss, mi padre y yo. Aquello no me resultó agradable y comencé a negar con la cabeza, sin ni si quiera saber por qué no recordaba éste momento, ya que en esa foto se veía que tenía cerca de unos 10 años. Miré el reverso de la foto y la fecha me lo confirmó. “11 de Noviembre de 2005”

La música dejó de sonar e hizo avispar mi atención nuevamente, fijé mi mirada sin quererlo en el espejo de la caja y el semblante rostro serio de mi padre apareció reflejado en el espejo, lo que me hizo dar un respingo del susto y sentí como mi corazón iba a mil por segundo. Cerré la caja de golpe y sin poder evitarlo comencé a llorar, queriendo salir de allí en menos de lo que cantaba un gallo y… así lo hice, pero no sin antes coger la caja y llevarla conmigo.

Caminé con rapidez por las calles de Portland, buscando alguna parada de autobús o de taxis pero… fallo, al parecer estaban todos fuera de servicio porque había caído una fuerte lluvia que había provocado algunos accidentes y por lo tanto, muchas calles estaban cortadas. Debía salir de allí, debía salir de allí cuanto antes.

Saqué mi teléfono móvil del bolsillo de mi chaqueta y comencé a marcar los números de la primera persona que se me había pasado por la cabeza. Zayn.

Daba señal y aquello… era bueno.

Pronto el teléfono descolgó y un suave pero frustrado suspiro salió de entre mis labios.

¡Zayn! —exclamé.

Falsa alarma. Era el contestador. Solté un fuerte gruñido de frustración y repentinamente el sonido de unas yantas chirriar contra el suelo hicieron que mi corazón saliese disparado. La puerta del asiento del copiloto del auto se abrió de golpe y dejó verse a un Zayn enfurecido en el asiento del copiloto.

Sube. —ordenó en un tono autoritario. 

Tragué saliva sin entender muy bien a qué venía aquella aparición de la nada ni aquel enojo en su voz. Definitivamente este hombre había sido creado para volverme loca. En todos los sentidos.

Caminé hacia el coche y me senté, cerrando la puerta de un portazo.


¿Cómo has sabido que estaba aquí? —pregunté nada más entrar.
Me has llamado, ¿no?
Sí, pero no me lo has cogido.


El coche salió disparado del sitio y enseguida se adentró en la carretera rodeada de grandes árboles frondosos.


¿Me has estado siguiendo? —volvía a preguntar, mirándolo fijamente. Su mandíbula se tensó y apretó con más fuerza el volante. — Contéstame. —ordené.
Jèrome me ha contado lo de las cartas que estás recibiendo. —contestó sin más. Aquello me descolocó pero a su vez abrió paso a mí imaginación.
¿Me estás cuidando? —volví a preguntar, intentando evitar que una sonrisilla estúpida e intrusa me delatara.
¿A dónde te crees que ibas a estas horas de la noche a una ciudad que ni tú misma conoces? Es peligroso. —reprochó indignado.
¡Necesitaba respuestas! —exclamé cansada de sus rodeos.
¿Respuestas a qué? ¿Por qué siempre buscas respuestas a todo? ¿Por qué no te puedes quedar callada y sin hacer nada? ¿Por qué no puedes olvidar las cosas? ¡No te convienen las respuestas! ¡No son asunto tuyo!


Todo aquello salió de su boca como si de veneno se tratara y me entraron ganas de llorar, recordando lo que había vivido minutos atrás en aquella especie de templo o lo que fuese. Apreté la caja contra mi vientre con fuerza y miré por la ventana, observando la oscuridad.
El silencio nos invadió a ambos, solo se escuchaba el ruido del exterior. El viento soplaba con fuerza y el helor se hacía presente en el empañamiento de las ventanas.

Lo siento. —se disculpó al final Zayn— No quería ser tan duro.

No dije nada.

Simplemente… Esto no es seguro para ti, Heäven.
¿Por qué? ¿Por qué no es seguro? 
Heäven te están enviando cartas amenazándote ¿te piensas que es un jodido juego? 
No. Sé que no es un juego. Pero si he venido aquí es por algo. La nota que me han dejado hoy tenía una dirección, he decidido ir a dónde la dirección decía… y créeme que este tema me incumbe. Demasiado.
Pero yo no quiero que tú estés metida en esto. 

La conversación terminó ahí ya que pronto Zayn se vio obligado a parar el coche ante un par de policías que habían cortado la carretera. Nos obligaron a dar media vuelta o a abandonar el viaje hasta nuevo aviso.

Zayn, tengo que volver a mi casa —le pedí.
Nena, no puedo hacer nada. 
¿Hay alguna manera de volver? —pregunté con cierta súplica al policía.
Sí. —mis ojos se iluminaron— caminando, y les quedan varios kilómetros por recorrer. Mirad… podéis hacer noche en el coche pero si preferís más comodidad —nos miró a ambos con cierta complicidad— hay un motel a unos 200 metros de aquí. 

Capítulo 14

Había pasado cerca de una semana y media. Había decidido olvidarme de la nota, principalmente porque sabía –o eso quería pensar- que no sería nada serio, seguramente se tratase de alguna broma de personas como Brittany Strauss o gente parecida… Eso así, la incógnita de cómo la habían dejado en mi cuarto sin que yo me enterara seguía amargándome la existencia pero… como ya me había dicho Hanna, lo mejor sería no pensar en ello.

Por otro lado, la conversación con mi madre quedó prácticamente ahí. Sin respuesta. Al día siguiente de que le preguntara sobre su relación con el señor Strauss tuvo que hacer un viaje importante fuera de la ciudad nuevamente y… no quise insistir. 

Siguiendo con mi breve resumen de los últimos días… Zayn había desaparecido por completo. No había dejado ni rastro y aquello me había dejado un poco tocada. No solo él, sino que también Jèrome se hizo su escapadita junto a Zayn. Tal para cual. Aquello me mosqueó, porque parecían no llevarse muy bien… o por lo menos no tener mucha relación como amigos pero eso sí, solían tener muchas cosas en común. Aún no olvidaba la imagen de Jèrome tirando al suelo a aquel chico para seguramente haberle pegado una paliza vete tú a saber por qué tontería. Desde aquella noche, no volví a saber nada de los dos y no sabía si estar preocupada, asustada o simplemente estaba siendo una exagerada.


¿Lista para que nuestro proyecto de Química haga trizas la mesa? — inquirió Hanna colocando con cuidado el tubo de ensayo.


Reí ante sus palabras y me aparté, cruzándome de brazos y esperando impaciente a la reacción de los componentes químicos. Como era de esperarse. Nada pasó.


Hemos hecho algo mal. 
¿No me digas? —pregunté incrédula. 

El timbre que indicaba la finalización de las clases retumbó, maravillando prácticamente a todo el alumnado del centro. Era la última hora y siendo las tres de la tarde las ganas de llegar a casa, el cansancio y sobretodo el hambre, jugaban un papel importante en nuestro organismo.

Una vez nos deshicimos de la ropa de laboratorio salimos de la clase y nos encaminamos hacia la salida pero… la presencia de alguien me alertó y me hizo parar en seco. Hanna continuó caminando unos pasos más pero enseguida se dio cuenta de mi ausencia y se giró.

¿Qué pasa?

Miré al chico que se encontraba a tan solo unos metros de mí, haciendo cola en recepción. Jèrome. Miré a Hanna y relamí mis labios.

Nada, acabo de acordarme que mi madre me mandó a pedir unos documento en recepción y llevo toda la semana olvidándome. Me llevará tiempo. — fingí molestia en mi voz — no hace falta que me esperes, iré yo sola a casa. Ve tranquila.

Hanna me miró con desconfianza pero segundos después asintió y salió por la puerta. Miré hacia Jèrome y tras aclararme la garganta caminé hacia su dirección. Hacía casi dos semanas que no daba la cara por aquí –ni Zayn- y por casualidades de la vida, hoy se había presentado… pero no a las clases. Aquello me resultaba algo extraño.

¿Jèrome? —pregunté algo incómoda. Enseguida se giró y me dedicó una amplia sonrisa, la cual me tranquilizó más. Terminó de coger los papeles que le dio la secretaria y salió de la fina, encaminándose hacia la puerta— ¡Eh! ¡Espera! —grité para llamar su atención. No sirvió de nada. Maldito capullo bipolar— ¿Puedes parar? Quiero hablar contigo.
Tengo prisa, Heäven.
Ya, bueno, y lo mío es importante. —puse los ojos en blanco y paró, girándose. Espetó un molesto “qué” — ¿Por qué no has aparecido durante esta semana y media? —escupí. Él sonrió egocéntrico.
¿Preocupada por mí? —enarcó una ceja, con una sonrisa socarrona.
Me llamó la atención, no solo por tu desaparición sino también por la de Zayn y si a eso le añadimos que él último día que te vi estabas sujetando el cuerpo de un pobre chico indefenso creo que tengo mis derechos en querer saber qué coño ha pasado. —solté sin miedo alguno. 

Su cara pareció tensarse con cada una de mis palabras y tragó saliva algo molesto.

¿Pobre chico indefenso? —ríe con enfado— Ese hijo de puta… Ahora mismo debe de estar pudriéndose. 
¿Qué quieres decir?
No te metas en esto, Heäven. Ya te lo avisé hace mucho… y sigues metiendo las narices donde no te llaman. Bastante es que Zayn te ha llevado al Arcade Bo, no sé qué narices se le pasa a ese chaval por la cabeza.
¿Dónde está Zayn? —pregunté sin más.
Haciendo lo que debería de haber hecho hace mucho tiempo.
No me estás aclarando nada. —bufé.
Alejarse de ti.

Aquello me sentó como una jodida patada en el estómago. Su mirada era fría y calculadora… ¿Qué le había pasado ahora? Parecía que quería correr lejos de mí… como según él ya había hecho Zayn.

Tengo miedo. —murmuré y supuse que mi mirada le lanzó un claro aviso de “socorro” ya que pareció ablandar su pose.
¿Qué pasa? —suspiró algo irritado.
Hace unos días… bueno… la noche del Arcade Bo, cuando llegué a mi casa y tras salir de la ducha, me encontré con una nota en mi dormitorio que no estaba antes de que yo llegara.

Me sorprendió a mi misma el hecho de que le hubiese contado aquello con tanta facilidad.

¿Y? —se fijó en mi seriedad y comprendió lo importante que era aquel caso para mí— ¿Qué decía?
No me acuerdo exactamente pero decía algo de que estaba caminando con el demonio y que no tocara lo que era suyo. No sé, quizá te parezca una tontería pero… últimamente no me siento muy segura. Mi madre se ha vuelto a ir y… estoy sola. 
Heäven… —suspiró.
¿Qué?
Me encantaría ayudarte pero…
¿Pero qué? —le interrumpí algo histérica.
No puedo… 
¿Tiene que ver con tus asuntos?
Puede que tenga algo que ver… sí.
Entonces por favor… dime algo. —rogué.
Solo te puedo decir que ahora que Zayn está lejos, estás completamente a salvo. Y mejor sería aún si yo me alejara de ti también. Lo siento. 

Dicho aquello decidió echar a correr, sin ni si quiera darme tiempo a reaccionar. Por desgracia sus palabras en vez de avispar el miedo en toda regla, avisparon mi intriga e interés. ¿Qué quería decir con todo eso? Sin entender nada, las ansias de llorar se apoderaron de mí. Zayn quería alejarse de mí. No quería volver a verme y al parecer Jèrome igual. Lo que más me molestaba era el hecho de que Zayn ni se había molestado en decírmelo a la cara… simplemente había huido, como un cobarde. 


Cerré la puerta de mi casa de un portazo y Thea no dudó en aparecer casi disparada por la puerta de la cocina, limpiando los platos. Me miró con preocupación pero yo simplemente la ignoré y subí las escaleras molesta. Quizá mis fuertes pisadas pudiesen haber roto los escalones. Ignoré por completo las voces de Thea indicándome que bajara a comer y reprochándome el hecho de que la comida estuviera fría por mi tardía llegada. 

Caminé frustrada hacia mi cuarto y un vez entré la mochila terminó estampada contra el suelo. Me dejé caer sobre la cama y enseguida una incomodidad bajo mi espalda me hizo echarme a un lado, divisando otro sobre. Enarqué una ceja y de la rabia lo arrugué para entonces tirarlo hacia el espejo y hacer que el sobre rebotara en el suelo unas cuantas veces. No pensaba leerlo. No pensaba cagarme de miedo nuevamente y… mucho menos pensaba satisfacer a la persona que se encargaba de hacer ésta mierda. 

Tras minutos de tranquilizarme, decidí levantarme y coger el papel arrugado. En cuando me decidí a abrirlo mi ceño se frunció. Era la dirección de una tienda en Portland. ¿Qué significaba esto? ¿Quería que fuese allí?