domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 10

Enjaboné mi rostro un par de veces, sintiendo la necesidad de despejarme. Sentía los párpados de mis ojos pesados y grandes martillazos acompañando a leve presión, un tanto pesada, estaba presente continuamente en mi cabeza.

Apoyé mis manos con fuerza sobre la encimera del lavabo y me miré al espejo, sintiendo repentinamente un increíble calambre que recorrió toda mi espina dorsal. Mi vista se nubló por un momento y entonces de repente la luz del baño brillaba con menos fuerza, como si se hubiesen fundido algunas bombillas. Apreté con la yema de mis dedos mis párpados con fuerza, queriendo volver a tener una visión racional y clara de la situación. Antes de abrirlos del todo, pude ver como una sombra se movió con rapidez y salió por la puerta dando un fuerte portazo. Aquello me asustó y antes de pensarlo más de dos veces caminé hacia la puerta para abrirla y salir del baño. Estaba asustadas, sí. Mi mano peleó con el pomo de la puerta pero éste parecía resistirse a abrirse y aquello me estaba poniendo nerviosa.

Golpeé con la palma de mi mano la base de la puerta — ¿Hola? ¡Por favor que alguien me abra! ¡Estoy encerrada! —exclamé esperando respuesta alguna. No funcionó así que continué golpeando la puerta. 

Las luces volvieron a su estado normal y fue entonces cuando la pueta se abrió de golpe y choqué con una chica. En cuanto alcé la mirada me encontré con Milena, mi profesora de Ballet. Sentí mis mejillas arder y enseguida murmuré una disculpa, ésta me sonrió y dijo que no pasaba nada.

— Me había quedado encerrada... —confesé.
— Vaya... —sentí como me miraba de arriba abajo— ¿tus piernas están mejor? —añadió, yo asentí.
— Sí... lo del otro día fue un golpe mal dado. —le dediqué una sonrisa bastante agradable, pero podía sentir el ácido en su voz.
— Pues si por cada golpe más dado no vas a poder bailar, me temo que no vas a servir para esto. No queremos incompetenes, Heäven.

Me quedé mirando como ésta caminaba hacia el lavabo y se retocaba el maquillaje que llevaba en la calla. Aquello me había... sentado como una patada en el estómago. Parpadeé un par de veces y salí por la puerta, cerrando ésta entonces y fue cuando me volví a chocar con alguien. ¡Maldita sea!

— ¡Otra vez! —exclamé agobiada y cabreada. Una sonrisa letal me azotó cuando miré el rostro de la persona con la que me había chocado. Zayn. Me crucé de brazos y me apoyé sobre la pared, mirándolo de solayo— ¿Persiguiéndome?

Su sorisa se ensanchó y relamió sus labios después, fijando su mirada en mí. Sin quererlo, posé mis ojos sobre los suyos y me hundí en aquel agujero negro que tanto encandilaba. Me tranquilizaba. Sentía una paz dento de mí.

— ¿Mirándome? —preguntó él, enarcando una ceja con algo de obviedad.

Sacudí la cabeza y aparté mis ojos de los suyos.

— ¿Te importa?
— Mmm... no. Estoy acostumbrando.
— Eres un creído. —evité curvar una sonrisa pero fue bastante imposible, así que fracasé en el intento y golpeé con suavidad su pecho cuando éste se acercó algo a mí. — ¿Por qué no has venido a clase? —volví a mirarlo. Su rostro se ensombreció pero no se apartó.
— Tenía cosas que hacer.
— ¿Qué cosas?
— Son privadas, Heäven.

Aparté mi mano de su pecho en el momento que éste soltó aquello por su boca. Me hizo sentir incómoda así que me aparté de la pared y me propuse a huir para volver a mi sitió. Zayn me lo impidió, poniendo su mano contra la pared, haciendo que su brazo se encontrara a la altua de cabeza y así impidiéndome el paso.

— ¿Me dejas irme?
— No. —espetó, mirándome fijamente. Me estemecí y aparté la mirada.
— ¿Por qué no has venido a clase? —volví a preguntar, siendo algo más dura en la tonalización de mis palabras. 
— He tenido que resover unas cosas en el Arcade Bo. —su mirada se desvió al horizonte, como queriendo huir de mis reproches o continuas preguntas.
— Me parece increible que me hayas dejado tirada por un par de apuestas en el Arcade Bo. —le recriminé.
— ¿Tirada? —sonrió.
— ¡Sí! ¡Hoy teniamos que exponer el trabajo! Ese que no tenemos hecho. ¿Te acuerdas?
— Pero si el profeso no ha ido, ¿De qué te quejas?
— Porque si hubiese llegado a venir me habría tocado a mí comerme el marrón de decirle que no teníamos nada hecho. —me quedé callada por un par de segundos, volviendo a apoyarme contra la pared. Él se acercó.— ¿Cómo sabes que el profesor no ha venido a clase?
— Te dije que no tendriamos que exponer hoy. Tomate eso como respuesta.
— Zayn. Me estás ocultando algo y no me hace gracia. —lo miré con seriedad. Su rostro era un completo sin fin de inexpesividad. Duro y áspero como un papel de lija. Se notaba que aquel tema no le hacía gracia, y sino le agradaba era porque claramente estaba tocando un tema el cual él tenía guardado muy privadamente— El profesor ha tenido un accidente... ¿Has tenido tú algo que ver, Zayn?
— Ángel... —suspiró, pasándose una de sus manos por el rostro.

La información que hace tres días recibí po parte de Hanna en mi casa sobre el expediente de él y Jèrome golpearon contra mi cabeza, como haciéndome recordar que no sabía nada de él y que... no era de fiar. 

— No me has contestado. —acoté bruscamente, insistiendo— Mira, me voy. Si quieres hablar conmigo, que sea para irme con la verdad por delante y no mentirme ¿Vale?

Volví a pasar por su lado y una parte de mí quiso y necesitó que Zayn se encargara de detenerme. Que se encargara de cogerme del brazo y hacer que me quedara con él nuevamente. Lástima, no lo hizo y siguió con su camino. 

La comida pasó sin entretenimiento alguno, por lo menos no para mí. Samuel era un chico decente y bastante simpático. Sí, debía de admitir que me caía bien... además daba la casualidad de que ambos teníamos gimnasia de optativa... lo que significaba que ya no tendía que ir sola... pero en esos momentos no estaba centrada en la conversación, sino que estaba centrada en una de las mesas que se encontraban en la otra punta del local. No la podía ver a la perfección pero tenía a Zayn a la vista.

El resto del día fue bastante aburrido, ignorando el hecho de que mi madre había vuelto como sorpresa... pero se había vuelto a ir por un asunto de papeles que la verdad me tenían sin cuidado. Para la hora en la que me acosté, ésta todavía no había vuelto y aquello me molestó.



La clase de gimnasia siempre me había servido como motivo para despejarme. No, no era fan del deporte, pero por alguna razón me tomaba mi tiempo de reflexión... aunque ésta vez no podría hacerlo ya que Samuel estaba en la misma clase que yo y tenerlo como compañero implicaba que se pasara toda la clase hablándome para saber más de mí... Según él.

— Entonces... ¿Tu madre no suele estar en casa? —preguntó mientras iba a trote junto a mí.
— No... Digamos que cuando está aquí es para pasar las vacaciones. —ironicé.
— Debe de ser duro no tener a tu madre cerca...
— Ya me he acostumbrado pero aún así la echo de menos. —confesé.

La profesora sopló con fuerza su silbato, indicándonos que debiamos de parar y así lo hicimos... Empezamos a estirar.

— ¿La cita del jueves sigue en pie? —preguntó.
— ¿Cita? —fruncí el ceño ante aquello y lo miré. Una sonrisa de dientes blancos transformó su cara.
— Bueno... sí, yo le llamo así.
— Ah... bueno pues sí. Siguen pie. —le dediqué mi sonrisa más amable y volví a dirigir mi mirada a la profesora para seguir sus movimientos.
— Ya conocerás a Jayden... y tranquila, te caerá bien. —me guiñó un ojo y no pude evitar reír.

Pronto empezamos a formar los equipos para jugar al baseball y... tras tener que tragarme los estúpidos comentarios sin pies ni cabeza de Brittany, me encontraba en el mismo equipo que Samuel. Empezaron a batear algunos del equipo de Brittany y... me desconcentré por completo cuando una silueta tras una valla llamó mi atención. Conjunto nego y una gorra de baseball. Zayn.

— ¡Vamos, Heäven! ¡Te toca! —exclamó una compañera y me empujó hacia la base de bateo.

Una vez me puse sobre ésta, Brittany me dio el bate con fuerza, chocándolo contra mi pecho. Aquello hizo que me echara un poco hacia atrás y que al mismo modo me quejara por que el pequeño daño que me había hecho. Aparté un par de mechones de pelo de mi cara hacia atrás, despeinando un poco me cabello y escuché un silvido por parte de Samuel. Aquello me dibujó una sonrisa un tanto arrogante en el rostro y me llenó de confianza. Aunque pareciese increíble, la presencia de Zayn allí, había logrado calmarme y querer hacer una buena demostración de que sí que sabía batear.

Cuando me coloqué en la posición debida para estar preparada y dispuesta a recibir la bola por parte del llamado Pitcher, mi mente se bloqueó por un segundo.

"No estés tan tensa, relájate un poco o la jugada te saldrá mal" dijo algo dentro de mi mente y mi mirada se dirigió rápidamente a Zayn. Pude notar su radiante sonrisa desde la distancia y fue entonces cuando la bola pasó por uno de mis lados y me percaté de mi fallo.

— ¡Lo siento! —me disculpé.
— ¡Quedan dos! —exclamó la profesora.

Recapacité en mi cabeza lo ocurrido anteriormente y me quedé bastante extrañada. Aquello me recordó a la noche del Inferno. Sentí un escalofrío en mi interior y fue entonces cuando nuevamente la bola pasó por uno de mis lados y volví a perderla.

— ¡Maldita sea! —me quejé, escuchando las carcajadas por parte del grupo de Brittany.

Volví a pasar mis dedos por mi cabello para despeinarlo y nuevamente sentí un bloqueo en mi mente, solo que ésta vez me negué a aceptarlo y sacudí mi cabeza, bateando fuertemente la bola en cuanto el Pitcher me la lanzó. Tiré el bate y corrí hacia la segunda base ya que tampoco quería abusar. En ese instante el sonido del timbre que indicaba la finalización de la clase irrumpió en cada esquina del instituto y todos abandonaron el campo. Samuel se acercó a mí y me ayudó a levantame de la base, ya que había caído de boca.

— ¿Estás bien? —yo asentí y éste me expolsó las rodillas— Has hecho un buen trabajo, Heäven.

Le dediqué una sonrisa y éste ahora se encargó de quitar un poco de tierra que se encontraba en la punta de mi nariz. Yo arrugué ésta ante aquella acción realizada por él y me giré para ver las vallas. Zayn seguía ahí, solo que esta vez su expresión de triunfo iluminaba prácticamente el campo de baseball.

— ¿Quién es?
— Mi compañero de biología. —le contesté.
— Mmm... os vi hablando ayer en el Devil's.
— Ya... es un poco pesado. —mentí, haciendo una mueca.
— ¿No te deja en paz? —preguntó sonriendo— bueno... no le culpo, yo también haría lo mismo.
— Vaya. Me ayudas mucho así, eh... —bromeé.
— Vamos, Heäven. Eres guapa y atractiva... es normal que tengas tíos detrás de ti.

Aquella confesión no me la espeaba. Balbuceé un gracias y estaba segura de que parecí una gilipollas integral. Reviví la situación anterior y comprendí que no la podría dejar pasar así que me giré hacia Samuel y le dije que lo vería en otra clase que nos tocara juntos para después encaminarme corriendo hacia fuera de las vallas para encontrarme con Zayn, quien seguía apoyado en la valla.

— ¿Qué ha sido eso? —pregunté sofocada y con dificultad al hablar.
— Un mal tiro. No te preocupes, con práctica y paciencia todo sale. —vacilante, como siempe.
— Eso no. Me has hablado. —él frunció el ceño— Me has hablado en la mente. Te he oído, por eso he fallado el primer tiro.
— Estás empezando a delirar. ¿Has dormido y desayunado?

Abanzó hacia mí para colocar una de sus manos sobe mi frente, yo se la aparté de un manotazo y él rió.

— Estoy hablando en serio, Zayn. ¿Qué cojones ha sido eso?
— Creo que eso te lo deberías de peguntar a ti misma. Es bastante sobrenatural que digas que te he hablado mentalmente... —negó con la cabeza. Tenía razón.— Quizá sea la necesidad de tenerme cerca tuyo te esté volviendo loca, ¿No crees? 

Me quedé mirándolo fíjamente y con seriedad, éste no pareció inmutarse y continuó hablando.

— ¿Sabes? Creo que podría darte un par de clases de bateo... —susurró mientras apartaba un mechón de cabello rojizo de mi rosto para dejarlo tras mi oreja y entonces acarició con la yema de su dedo índice mi mentón— no me gustaría enterarme de que has suspendido gimnasia por no saber batear decentemente.
— Sé batear muy bien, además, creo haberte dicho hace un par de días que no me hablaras a no ser que fuese para contestar mis preguntas.

Tras dedicarle una sonrisa falsa me giré para irme pero éste habló.

— El jueves a las diez de la noche quedamos. Te doy clases de bateo y contesto tus preguntas. ¿De acuerdo?
— El jueves no puedo.
— Te quedas sin respuestas entonces.

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