El martes y miércoles pasaron volando y junto a ellos mi organismo se encontraba alterado. Eso significaba que quedaba poco para quedar con Samuel y Jayden, o lo que me ponía más nerviosa… Zayn. El moreno se había empeñado en darme unas clases –según él- de baseball, las cuales yo no necesitaba pero que estaba encantada de tomar si eran con él.
No sabía por qué pero con él todo parecía cobrar sentido y teñirse de un color oscuro que gritaba que me alejara de él. Aquello era irónico, ya que avispaba mi interés y mis ganas de estar con él.
No, aún no había decidido en si dejar a Samuel plantado e ir con Zayn… que no lo haría ya que eso significaba una bronca tardía por parte de Hanna la cual no quería presenciar. Aún así, tenía un pequeño presentimiento de que él sería el que se encargaría de que fuese con él y… me alegraba. Necesitaba respuestas. Y rápidas.
Hanna se encontraba parloteando habiendo salido ya de la última clase del día e íbamos rumbo a casa. Ésta parecía disfrutar mientras amartillaba mi cabeza y continuaba fantaseando e inventando casos hipotéticos de novela de lo que podría suceder con Samuel esta noche. Estaba obsesionada con juntarme con aquel chico, aunque yo apenas le conociese.
— Primero iremos al Boderline’s, tomaremos algo de comer. — me informó — y después iremos al parque de atracciones de Delphic.
— ¿No sería mejor ir primero a Delphic y luego a Boderline’s? — razoné, enarcando ambas cejas.
— Para nada…
No quise hablar más puesto que tampoco me importaba, Hanna me despidió al llegar a casa y mi madre al parecer no estaba. El mal humor se apoderó de mí.
— Thea, ¿Y mamá?
— Ha ido a arreglar unos papeles con el señor Strauss.
Paré en seco frente a las escaleras en cuanto Thea pronunció aquel apellido. No quería que mi madre, de ninguna manera, se relacionara con ese señor.
— Tranquila, niña, no es nada malo, te lo puedo asegurar.
Aunque aquello no me calmase del todo, fingí que era lo que quería oír y me fui hacia mi cuarto, tirando la mochila en una esquina de éste nada más entrar.
« Hoy no había visto a Zayn» pensé y aquello me hizo arrepentirme ante mis dudas de querer verlo. Ni siquiera me había insistido, aquello significaba que no era muy importante para él.
Cerré los ojos y caí en un profundo sueño.
El ambiente era helado y húmedo. Una espesa capa de niebla me impedía ver con claridad el horizonte y de repente, algo me azotó. Unos jóvenes parecían haberse chocado conmigo y a pesar de mis gritos y quejas hacia ellos, no parecían inmutarse.
Di un paso al frente y apareció un callejón a mi vista. Sin saber por qué, ni lo dudé y me acerqué ya que pude escuchar unas voces provenir de éste. Eran voces familiares. Agudicé mi oído y vista y comprendí que se trataba del señor Strauss. Éste se encontraba reprochándole algo a alguien. Me alteraba ya que no distinguía sus palabras.
Mi corazón se congeló cuando divisé con claridad a la persona frente a él. Era mi padre. Di un paso en falso, sin pensarlo. Quería acercarme y abrazarlo. Mis ojos se aguaron y me pregunté el por qué estaba soñando con esto. Estaba claro que era un sueño.
En cuanto intenté avanzar, algo me cogió por la cintura y me hizo retroceder, apoyándome con rapidez frente a la pared. Era Zayn.
— ¿Zayn? —pregunté, confusa y alterada.
— ¡Shh! —ordenó, tapando con una de sus manos mi boca. Obedecí y aspiré su olor, sintiendo la necesidad de querer bañarme con éste. — ¿Qué haces aquí, Heäven? —preguntó por fin.
— ¿Qué haces tú aquí? Es mi sueño. —contesté cortante. Él sonrió con picardía.
— O sea que… estás soñando conmigo, ¿no?
Sus palabras me azotaron y una oleada de calor intervino. Imbécil.
— No, has aparecido tú solo aquí. Nadie te ha llamado.
— Heäven, cariño, es tu sueño, no el mío.
— Pues vete. —le ordené.
— Échame tú. —me propuso desafiante.
Lo gracioso es que no quería que se fuera. Con él me sentía protegida. Sonrió.
— Lo imaginé. —murmuró.
Zayn me dejó el paso libre y en seguida me alejé de él, buscando en el callejón rastro del señor Strauss y mi padre.
— ¿Qué buscas? —preguntó.
— Deja de actuar como si estuviésemos en una realidad paralela, por favor. —me quejé. Su mirada se suavizó y me derretí— mi padre… estaba ahí.
Pude sentir como mi garganta se desgarraba al decir aquello. Todo parecía irreal, y es que lo era. No entendía por qué estaba soñando con aquello y mucho menos entendía el por qué Zayn se encontraba aquí. Sentí mi corazón estrujarse en un puño, como si lo estuvieran haciendo añicos. El tema de mi padre era bastante delicado para mí. Habían pasado meses... pero el dolor seguía ahí. Sentí como repentinamente algo me arropó y parpadeé durante unos segundos. Era Zayn. Aquello me extrañó pero simplemente me dejé arropar por él y lo abracé más fuerte.
— Gracias… —murmuré contra su pecho.
Él no dijo pero repentinamente todo comenzó a distorsionarse. Su imagen y mi alrededor parecían tener interferencias y aquello me asustó.
— ¿Qué pasa?
— Es hora de levantarse. —comentó.
Sin que me diese tiempo a reaccionar, todo se oscureció y sentí la cálida superficie del colchón bajo mi cuerpo haciéndome despertar de golpe.
Hacía frío y las medias que cubrían mis piernas bajo la falda que Hanna me había obligado a ponerme no eran el mejor escudo. Me encontraba abrazándome a mí misma, apretando mi abrigo a mi cuerpo. Hanna me estrechó un momento entre sus brazos. Ella, al contrario que yo, estaba acostumbrada. Acabábamos de llegar al parque de Delphic y Samuel y Jayden seguían su paso por delante puesto que ya tenían planeado una atracción en mente. El remodelado “Arcángel”. No pensaba subirme, principalmente por mi miedo a las alturas.
— Chicos, yo no subo. —Hanna se giró de golpe— me dan miedo las alturas, lo sabes. —me defendí.
— Pero… ¿no puedes hacer hoy la excepción, Heäv?
— No…
— Heäven, ¿estás segura? No voy a dejar que te pase nada. —aquellas palabras salieron de la boca de Samuel como si de una dulce melodía se tratara… casi me convencieron, casi… hasta que algo rugió en mi estómago.
— No… de verdad. Además, tengo mucha hambre. Vosotros habéis cenado pero yo no… mejor me voy al puesto de perritos caliente que hay al principio del parque y ahora vengo a recogeros, ¿vale?
Tras varias miradas cómplices entre ellos asintieron y yo sonreí satisfecha aunque me sentía un poco mal. Comencé a caminar en dirección al puesto de perritos calientes pero algo me hizo chocar de golpe e incluso tambalearme.
— Siempre igual, Ángel, deberías andar con más cuidados.
Sorpresa. Pensé. Era Zayn. Nuevamente una oleada de calor me sacudió y el frío desapareció.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté.
— He venido a recogerte. Habíamos quedado, ¿lo olvidabas?
— No. Lo olvidaste tú, no has dado señales de vida. —le repliqué cruzándome de brazos y queriendo pasar por su lado, éste me lo impidió cogiéndome por la cintura y poniéndome frente a él nuevamente— ¿me dejas? Quiero comprarme la cena. —sonreí con falsedad.
— Yo podría ser tu cena… si quisieses. —burlón, inclinó su rostro hacia el mío con aquella sonrisa triunfante en él. Una sonrisa que si no fuese porque me estaba cogiendo de la cintura, ya me habría caído a sus pies, pero literalmente.
— Para. —le pedí, alejando mi rostro del suyo y apartando su cara con una de mis manos. Él rió.
— Bueno… entonces… nos vamos, ¿no?
— ¿Adónde?
— Tus clases de Baseball. —me guiñó un ojo y cogiendo una de mis manos me arrastró con él hacia las afueras del parque. Yo no opuse resistencia.
— Pero… ¿y los demás?
— Créeme, no te echarán de menos. Además, no quieres estar con ellos, lo sabes. —dijo con seguridad, esbozando una sonrisa.
— ¿A no? ¿Y cómo lo sabes?
— Has parecido bastante decepcionada ante el hecho de que no me haya acordado de ti antes. Eso es que tenías unos mejores planes en tu mente, y esos planes me incluían a mí. ¿Eh o no?
Paramos frente a su Harley negra y éste sin soltarme de la mano me hizo subir en la moto, posicionándome a mí en el primer asiento. Estaba loco si pensaba que yo iba a conducir. Sin dejarme hablar, cogió el casco y me lo puso. Lo abrochó y se aseguró de que éste estaba lo suficientemente sujeto. Acto seguido se subió detrás de mí.
— Pon las manos en el manillar de la moto. —me ordenó mientras se pasaba la mano por su cabello negro azabache.
— ¿Qué? —estaba confusa.
— Que pongas las manos en los manillares. —repitió.
Le hice caso, aún confusa y acto seguido éste se acomodó tras de mí, apegándose cada vez más a mí y colocó sus manos sobre las mías. Sentí su aliento en mi cuello y aquello hizo que mi organismo estallase en llamas y mi corazón se acelerara. Él en cambio, parecía muy tranquilo.
— ¿Estás bien? —preguntó en un susurró y arrancó la moto como pudo.
— No. —se me escapó aquello. Él rió y el aire que salió por su boca chocó contra mi nuca provocándome un ligero escalofrío por todo el cuerpo— tengo miedo. ¿Y si tenemos un accidente? —quise parecer cuerda.
— No te va a pasar nada. Eres muy negativa.
— Contigo todo es negro. —dije son seguridad, girándome y mirándolo de reojo.
— Deberías empezarle a encontrar lo bonito al negro ¿no crees?
Su sonrisa pirata acechó y pronto el motor rugió y empezó a conducir la moto por la carretera. Vale, al parecer empezaba la acción.
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