domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 7

Intentar mantener la calma y mis pulsaciones en completa tranquilidad se me estaba volviendo complétamente difícil. No. Zayn no se había dignado a venir a las siete y media y a pesar de que lo hubiese esperado hora y media más en mi casa ahora mismo me encontraba conduciendo el coche de Hanna hacia el Arcade Bo. Había insistido en acompañarme pero ni por asomo Hanna vendría conmigo, no podría mantener una conversación sería completamente imposible.

Debía de admitir que llevaba prácticamente media hora conduciendo perdida en las tinieblas. No me acordaba del camino ya que sólo había ido una vez y me encontraba... perdida. Nuevamente. 

Gracias al cielo pude ver una moto inconfundible pasar a toda velocidad, adelantando mi coche. Sin duda alguna, y cómo olvidarla, se trataba de la moto de Jèrome. Sin pensármelo dos veces aceleré y seguí a Jèrome intentando ser lo más cuidadosa posible. No, no quería que éste viera que le estaba siguiendo. No quería responder preguntas. Aún no. 

Una sonrisa se postró en mi rostro en cuanto pude distinguir el edificio del Arcade Bo no muy lejos de mi alcance. Bien, Jèrome entraría ahora y yo no sería tan tonta de entrar tras él así que di un par de vueltas más alrededor del local y una vez pasaron cerca de diez minutos, aparqué el coche no muy lejos. Salí de éste y cinco minutos más tarde ya me encontraba caminando por el parking del Arcade Bo. Zayn seguía aquí, y lo sabía porque su moto estaba aparcada en primera fila.

Entré en el local y antes de que el gran hombre cubierto de tatuajes dijese algo, postré los diez dólares acordados sobre la mesa. Lo miré, alzando una ceja y queriendo mostrar seguridad en mí misma. Pude sentir cómo éste obviamente quiso gruñir, enfurecido por no haberle dado tiempo de decirme nada, pero lo único que hizo fue hacerme una seña con la cabeza para que me adentrara. 

Sin pararme a mirar quién se encontraba en la zona principal, me encaminé hacia la zona de arriba, donde se encontraban las mesas de billar. Nada más subir el último escalón, alguien se interpuso en mi camino. Alcé la mirada y me encontré con Marco. Éste me dedicó una sonrisa y sin pensárselo dos veces -lo que me dio asco- me cogió por el brazo con suavidad y me puso a su lado.

— Pero mirad quien está aquí. Nuestro ángel ha venido. —vaciló, con una sonrisa en su rostro y mirándome de reojo. Varios rieron.

Busqué con la mirada a Zayn y efectivamente éste estaba lo que venía siendo posicionado tras una chica rubia y... sino me equivocaba... era la chica a la que vi ayer junto con Jèrome. Por lo que podía apreciar de la situación, aquello parecía un intento de enseñanza a jugar al pool, pero se asemejaba más a un intento de ligue y coqueteo que cláramente terminaría sobre una cama.

— Cuéntanos, Heäven. ¿Qué haces aquí? —preguntó Marco, soltandome y me aparté un poco— no tengas miedo, Cielo. No te voy a hacer nada. No quiero meterme en problemas con Jèrome. 

Aquello, si hubiese estado bebiendo agua o comiendo, me habría hecho atragantar. Miré a Jèrome y éste rió, cogiendo el taco y dirigiéndose a mí. Zayn parecía ignorarme... Parecía no. Lo hacía. Imbécil. Estaba demasiado ocupado enseñando -intentándose llevar a la cama- a aquella rubia que seguramente tendría más silicona en el cuerpo que células. Pero... me atrevería a jurar que una pequeña sonrisa se asomó en su rostro una vez me vio entrar, aunque ahora su cara era una completa piedra.

Jèrome se acercó a mí, buscando mi respuesta a la pregunta de Marco.

— Venía a buscar a alguien. Pero no está. —mentí, dedicando una falsa sonrisa. Podía sentir las miradas ardientes de los hombres que se encontraban en el lugar.
— ¿A quién buscabas, preciosa? —sentí como la mano de Marco acariciaba mi mejilla en su intento de dejar un mechón rizado tras mi oreja.
— No me sé su nombre. —mentí, tragando saliva y dando un paso atrás. 

Miré de soslayo a Zayn y éste ahora se encontraba solo, inclinado sobre la mesa de billar intentando concentrarse para adentrar una de las bolas en los agujeros. Lo gracioso de aquello es que no estaba mirando la bola, sino que observaba la situación entre Marco y yo y sus ojos negros me daban una clara pista de que aquello no le hacía la más mínima gracia.

— Bueno... entonces ¿te vas? —preguntó Marco nuevamente.

Enarqué una ceja.

— Supongo. —contesté, sin saber a dónde quería llegar la conversación.
— Entonces supongo que podriamos irnos juntos. Yo ya me estaba yendo y me he quedado con más ganas de fiesta. ¿Te apetece en tu casa o en la mía?

Vaya, qué directo.

Abrí mi boca para contestar pero entonces el sonido fuerte de las bolas chocar llamó la atención de prácticamente toda la gente presente. Zayn acababa de golpear por fin las bolas.

— Déjala, Marco. —dijo en un tono bastante firme e irguiéndose para ponerse recto y mirarnos. Me dedicó una clara mirada. — Me está bucando a mí. —dijo serio y me indicó con la mano que fuese hacía él. Cosa que ignoré por completo— Ven.

Aquel signo de arrogancia terminó de completar mi mal humor. Si ahora mismo pudiese, lo habría quemado con la mirada. Marco suspiró y bajó las escaleras bastante mosqueado. Todo el mundo ahora volvió a su poscionamiento, aunque de vez en cuando podía sentir la mirada de Jèrome sobre mí. Yo, sin embargo, aún me encontraba cerca de las escaleras y seguramente con las mejillas coloradas.

Segundos después, sentí una mano sobre mis caderas, haciendo que me adentrara más en la zona. Era Zayn. Enseguida me aparté de él y caminé a una de las mesas de billar, queriendo estar lo más alejada que pudiese del moreno. Me encontraba echando humo por las orejas.

— Pensaba que lo de venir lo habías dicho de broma. —parecía molesto y ahora posó su manos sobre el borde de la mesa de billar. Pude ver como las venas de su cuello se marcaban.
— No me subestimes entonces. —contesté, enfadada y cruzándome de brazos.
— No te subestimo, simplemente pensé que eras más lista como para venir aquí.

Su mirada me quemó por dentro y la mantenía fijada en mí. Aquello daba escalofríos.

— No entiendo por qué estás enfadado. La enfadada debería de ser yo. — él enarcó una ceja — Sí. No te hagas el que no sabes por qué porque te juro que te tiro una de éstas bolas en la cabeza. —le amenacé, cogiendo una de las bolas de colores que se encontraban sobre la mesa.— Se supone que habíamos quedado hoy para hacer el trabajo de Biología. Pero no, por lo que veo preferías darle clases de billar a ese saco de silicona. —dije sin pensar, señalando con la mano a la chica rubia que ahora se encontraba con otro de los tipos que jugaban al billar en una de las mesas más alejadas. Pude ver una sonrisa en el rostro de Zayn. No había cosa que más me molestara. — ¡No te rías!
— Sabía que ibas a venir. 

Me estaba vacilando. Estaba claro.

— No. No lo sabías. Me lo acabas de confesar. ¿Recuerdas? "Pensé que lo de venir lo decías de broma." "No te subestimo, simplemente pensé que eras más lista como para venir aquí" —intenté imitar su voz, pero aquello parecía divertirlo más.
— Ya. Bueno... Pero sabía que vendrías al fin y al cabo. Eres predecible. —dijo, inclinándose sobre la mesa para golpear una de las bolas de billar. 
— Y tú un gilipollas.

Hizo una mueca de disgusto y tras golpear la bola blanca, que dio a una amarilla la cual se coló por el agujero, sonrió y me dedicó una mirada.

— Apuesto también a que te has perdido al venir y te has cruzado con Jèrome por la carretera y has tenido la maravillosa idea de perseguirle para dar conmigo. —se irguió nuevamente y caminó hacia mí, quedando frente a frente. Me ofreció el taco.
— No. No he seguido a Jèrome. He sabido venir sola.

Colocó el taco entre mis manos y sin saber cómo reaccionar, éste me giró para dejarme frente a la mesa de billar. Apoyó sus manos sobre el borde la mesa y su cabeza pasaba mi hombro. Pude sentir su pecho rozando mi espalda.

— Si apuntas a la bola siete, la roja, ésta chocará contra la número dos y conseguirás meterla en el agujero. Si la metes, te prometo que mañana empezamos y terminamos el trabajo.

Su voz parecía tranquila y aquello consiguió tranquilizarme. Dejé mis párpados caer en cuanto sentí su aliento acariciar mi cuello y juraría que me tembló todo el cuerpo.

— No sé jugar. —luché por no tartamudear y entonces escuché una pequeña risa por su parte. Éste apartó los mechones de pelo que caían en cascada por mi hombro derecho y dejó aquella zona libre.
— ¿Quieres que te enseñe? —sentí su aliento una vez más, pero ésta vez prácticamente encima de mi piel en aquella zona. Seguramente se me hubiese puesto la piel de gallina. Sus manos, sin dudarlo, acariciaron mis brazos.
— No. De todas formas, mañana no puedo quedar. —dije sincera y entonces me giré. Alcé la cabeza para mirarlo a los ojos. Su cuerpo aún seguía presionado con el mío y aquel olor a menta y tabaco me embriago por completo. Sentí como se inyecataba el aroma en mi organismo y de no ser porque me encontraba contra una mesa y su cuerpo, me habría caído.
— ¿Por qué? —susurró, pegándose más a mí lentamente.

No, no quedaba espacio alguno entre nosotros y aquello me estaba comenzando a gustar. Miento. Me había empezado a gustar desde el momento en el que se había decidido a tocarme.

— Tengo cosas que hacer. —Ballet. Tenía que ir a los jodidos ensayos de Ballet.
— ¿Cosas? ¿Cómo qué? —pude notar su confusión en el ceño fruncido que ahora ocupaba su cara y sonreí.
— Vaya, ¿te importa?
— Demasiado. —dijo sincero y sonrió. Segundos después sentí la calidez de su dedo pulgar sobre mi labio inferior. Lo acarició con suavidad y luego la caricia de su perfecta y rectilinea nariz contra mi oído terminó de matarme— Vete antes de que estos buitres se te echen encima o me veré obligado a echarte yo. —sentí su sonrisa en mi oído y cuando se apartó continué mirándolo.
— ¿Por qué se me iban a echar encima?
— Eres una chica y... eres guapa. Bastante atractiva por cierto. 

Aquella especie de tonteo con él me estaba gustando y me moría por seguir con aquello. Mordí mi labio inferior y alcé el taco, dejándolo entre él y yo.

— Acepto la apuesta. ¿Me enseñas a jugar?

Zayn rió y alzó una de sus manos hacia las comisuras de sus labios, cogiendo con suavidad, mientras me miraba examinándome, su labio inferior. Acto seguido negó, a lo que yo le contesté enarcando una de mis cejas. Éste se separó y caminó hacia el otro lado de la mesa de billar.

— Será mejor que te vayas. —noté como su mirada se fijaba en la gente se encontraba tras de mí, jugando en las otras mesas.— hoy hay mucha gente.
— ¿Y qué?
— Podrían hablar. —su mirada, cortante como un cuchillo me desgarró por un momento. No lo entendí, así que supuse que la expresión de mi rostro fue la pregunta necesaria que no me hizo falta vocalizar— no me conviene que hablen.

Enarqué ambas cejas y suspiré. No le convenía que hablaran. No le convenía que la gente le viese conmigo. Vale, aquello podría tener varias explicaciones y debía de admitir que una de ellas despertaba mi lado celoso, la otra, despertaba mi clara curiosidad ante, nuevamente, un secreto. Me giré para mirar a la gente que se encontraba detrás y pude observar como éstos se encontraban callados, sin murmurar ni una sola palabra y fue entonces cuando sentí una incomodidad extrema. Mis ojos se posaron sobre la chica rubia y recordé la escenita que tenían montada antes de que mis palabras se cruzasen con Zayn. Quizá fuesen pareja, o tuviesen algo pendiente, y por ello a Zayn no le convenía que hablaran. 

Mi mirada volvió a posarse en el moreno y tras dar un leve golpe con la yema de mis dedos sobre la tapicería de la mesa de billar, utilicé mis palabras para por fin terminar con aquella conversación.

— Entonces me voy. 
— Mañana quedamos para el trabajo. —ordenó, dirigiéndome una rápida mirada.
— Te he dicho que mañana no puedo. Tengo cosas que hacer. —dije la verdad y añadí— y no te conviene.

Tras dedicarle una sonrisa un tanto falsa, me dirigí hacia las escaleras pero pude escuchar su pequeña risa. Sí, debía de aceptar que había conseguido picarme. 

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