domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 9

— ¿Te gusta quemarte, no?

Sumida en mis pensamientos y concentrada en las sensaciones que ahora mismo mi organismo estaba experimentando, sentí un hormigueo a lo largo de mis piernas y sobre todo en mi entre pierna. Me encontraba con los ojos cerrados y sintiendo la tortura del roce de Zayn contra mis labios, sólo que ahora se encontraban recorriendo mi mentón. Jadeé ante la presión de mi entre pierna contra su pelvis y enseguida subí mis manos hacia su cabello, colocando después mi mano tras su nuca y dejando leves caricias con la yema de mis dedos en aquella zona. El deseo de querer devorar sus labios se hacía cada vez más intenso y mi hambre por él era desesperante y espeluznante. 

Aparté con suavidad su rostro de mi mentón y lo miré a los ojos, sintiendo una pizca de diversión y deseo en ellos. Se encontraban complétamente negros y sus labios formando una detestable sonrisa ladina que escondía un secreto. Ese secreto... Entonces fui consciente de mis actos y enseguida supe que lo que estaba haciendo staba completamente fuera de cualquier contexto lógico y racional. Él era una persona en la que al fin y al cabo yo no podía confíar, ya no sólo por su misteriosa actitud y pasado, sino también porque no lo conocía lo suficiente como para estar dispuesta a lo que iba a hacer.

De repente, gracias al cielo y por desgracia al mismo tiempo, alguien comenzó a aporrear la puerta con fuerza y al parecer Zayn no se alteró ni un poco, yo en cambio entré en una gran tensión y lo aparté de mí, bajándome de la encimaera de un salto y acomodándome un poco la poca ropa que llevaba encima.

— ¡Cielo! ¡Abre la puerta! Soy Hanna —gritó mi amiga desde el otro lado de la puerta. 

Sin mirar a Zayn, me encaminé hacia la puerta y abrí ésta. Hanna sin ni si quiera esperar, empujó la puerta y se abrió paso. Una vez entró se quedó de brazos cruzados al ver a Zayn apoyado en el marco de la puerta de la cocina y luego se giró hacia mí.

— ¿Interrumpo algo? —preguntó, molesta.
— No... —espeté, haciendo que mis palabras sonasen obvias.

Zayn esbozó una ligera sonrisa y se colocó la chaqueta de cuero, cogiendo también su casco de la Harley.

— Será mejor que me vaya —inquirió, sacando un cigarrillo de su paquete de tabaco y antes de que se lo llevara a la boca le interrumpí.
— ¿Qué pasa con el trabajo? —pregunté. En el fondo hubiese deseado que Hanna no viniese y haber seguido más tiempo con él.

Zayn rió y caminó hacia la puerta que aún se encontraba abierta. Yo le seguí, hasta que éste se sntó sobre la Harley.

— No hemos hecho nada —me quejé, él en cambio, sonrió.
— Te estás empezando a volver exigente, Ángel. —se burló, acomodándose mejor sobre la silla para después hundir sus dedos tras la goma de mis mayas y me atrajo hacia él — Ya quedaremos otro día y... terminaremos lo que quedado pendiente. — murmuró, muy cerca de mi rostro— Por cierto, no te olvides de que el fuego está encendido, a ver si vas a quemar la casa.

Dicho aquello, se alejó de mi para colocarse el casco y tras un feroz rugido del motor de la Harley éste salió de la granja, perdiéndose en la oscura carretera. 

Una vez cerrá la puerta tras de mi, busqué a Hanna con la mirada y no la encontré hasta que pude escuchar como algo se caía en la cocina y fui hacia ésta.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté molesta.
— ¿No puedo venir a visitar a mi amiga? —utilizó un tono de voz de niña pequeña, queriendo dar pena. Pero no me engañaba.
— Hablo en serio.

Hanna suspiró y se apartó del fuego.

— Venía a explicarte e informarte de un par de cosas. Luego he visto la moto de Zayn aparcada en la puerta y me he asustado.
— ¿Asustado? ¿Por qué? 
— Bueno, asustado no, es que no me inspira mucha confianza.

Fruncí el ceño ante aquella confesión. ¿Desde cuándo? Ella siempre estaba babeando por él, incluso sin que él mostrara algún interés en ella.

Una idea retorcida se me pasó por la cabeza. Quizá estaba celosa de que Zayn me prestara atención a mí y a ella no... Aunque lo dudaba.

— ¿Desde cuándo? 
— Esta mañana he estado haciendo las cosas en las que quedamos. Pero tú te has olvidado.
— ¿De qué hablas, Hanna?

No tenía ni idea.

— ¡Nuestra investigación! —soltó de repente, caminando hacia mí— se supone que hoy íbamos a buscar los expedientes de Jèrome y Zayn. 

Me quedé mirándola con seriedad ante sus palabras. Sí, se me había olvidado por completo, sobre todo porque en todo el día no había estado con ella. Ni si quiera en el instituto, que era en el único sitio en el que podriamos haber puesto en marcha nuestro plan.

— ¿Y bien? —pregunté, intrigada y sentándome en una silla. 
— Ha sido gracioso porque sus expedientes estaban vacíos. —se giró, apoyándose sobre la encimera y mirándome fijamente. — No había nada.
— Eso es imposible, Hanna. ¿Estás segura de que no te equivocaste y miraste otra cosa?
— Nena, soy tonta, pero tengo un límite. 
— Bueno vale... ¿Y qué?
— ¿Cómo que y qué? ¡No hay información alguna sobre ellos! Y eso es fundamental para el instituto.
— Pero Zayn es nuevo este año, acabamos de empezar, quizá sus papeles aún se estén traspasando.
— Ya, bueno ¿Y Jèrome? ¿De él qué me dices? Él no es nuevo este año. 

Cierto. Me quedé callada y el silencio se apoderó del ambiente. Hanna chasqueó la lengua y apagó el fuego para después hablar.

— Todo esto es muy raro, Heäv. No me gusta.
— Estás siendo exagerada. En serio. Todo tiene una explicación.
— Por supuesto que sí pero es gracioso porque ya es más de una cosa en común las que tienen Jèrome y Zayn, ¿No te parece? No sé. Ya no me hace gracia esto. Zayn está siempre alrededor tuyo y solo a pasado una semana. ¿No te da miedo?
— Sí, pero me siento cómoda cuando estoy con él, no sé.
— Madre del señor.
— Hanna, si estás celosa yo...
— ¡Para el carro! ¿Cómo que celosa? — rió y luego relamió sus labios, sentándose en una silla para quedar frente a mí — Nena, ahora mismo estoy cagada de miedo.

Solté una sonora carcajada ante su preocupación. Está bien, aquello era raro, pero tampoco era para exagerar ni mucho menos. No tanto como lo estaba haciendo ella.

— Hanna, de verdad, tranquilizate. Si te sirve de consuelo, le preguntaré a Zayn. Seguramente tendrá una explicación lógica.
— ¿Y sino la tiene? Se dará cuenta de que lo estamos investigando, no solo a él sino que también a Jèrome. A parte de eso, el profesorado se podría enterar y nos caería una grande.
— Te caería a ti. —le corregí.
— En fin, nena. Me voy. Hablamos mañana. A las nueve te rcojo, tenemos que retomar nuestras sesiones deportivas.
— Una cosa... ¿Por qué no me lo has dicho antes? Cuando me has llamado, digo.
— No me parecía digno de contártelo por teléfono. —se encogió de hombros y miró su reloj de pulsera—Nena, me voy ya, mañana me cuentas el por qué Zayn estaba aquí. ¿Vale?




El fin de semana pasó como otro cualquiera. El sábado salimos Hanna y yo a hacer footing y en cuanto llegué a casa recibí una llamada de mi madre en la que me informaba que vendría esta semana y se instalaría aquí por un mes. Aquella noticia me sentó bastante bien y es que aquello de tener a mi madre en otra ciudad y solo poder comunicarme con ella por teléfono no era agradable. Ella decía que seguiría intentando que le cambiaran la oficina aquí ya que por lo menos podría estar pendiente de mí. No es que mi madre no confiara en mí, es que desde el asesinato repentino de mi padre sabe que no puede fiarse de nada ni de nadie. Por mucho que Dorothea se quede aquí, es normal que ella siga sin estar satisfecha.

El Domingo en cambio, me dediqué a hacer los deberes de las asignaturas correspondientes y como no, a maldecir a Zayn una vez más. 

El lunes por la mañana, pareciendo una obra de caridad del destino, el profesor Smith no había venido y... recibimos la noticia de uno de los profesores de guardia en la que añadían que al parecer había tenido un accidente y estaría de baja durante un mes como mínimo. Aquello en cierta parte me alivió, ya que el trabajo no estaba ni empezado y aquello significaba que no tendriamos que hacerlo, lo cual estaba ligado a no tener por qué quedar con Zayn. Aunque tampoco estaba totalmente segura de si esa idea me alegraba. Por otro lado, me resultó bastante raro aquella noticia... Era mucha casualidad, ya que Zayn fue el que me dijo que estuviese tranquila, que hablaría las cosas con el profesor para aplazar el trabajo.

Una idea absurda se me pasó por la cabeza y enseguida la deseché, sacudiendo mi cabeza en ese mismo instante. Zayn hoy no había venido y aquello me llegaba a agobiar un poco. No sabía nada de él desde el sábado y... necesitaba hablar con él. 

Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando una voz chillona, bastante conocida por mi parte, retumbó contra mis oídos. Era Hanna.

— Nena, hemos quedado el jueves con los chicos que te dije en el parque de Delphic.

Mis ojos se abrieron como platos. ¿Le había escuchado bien?

— ¿Hemos? ¿Cómo que hemos? Ni si quiera les conozco. —me quejé.
— Ya, ya, te los presentaré allí. Tranquila, no sufras. Son muy majos, te van a encantar. Lo prometo.
— No es solo eso... El viernes hay clases, Hanna.
— No. Es fiesta nacional. —su cara fue de obviedad, fruncienco el ceño ante mi reacción de no saber aquella información.
— Es verdad... —murmuré y gemí— pero es que no quiero ir, Hanna.
— Una porra. Tú te vas a venir conmigo. Son dos tíos ¿Qué pretendes? Luego me llamarán guarra por ahí.
— Bueno pues que piensen lo que quieran.
— Heäven, por favor, hazlo por mí. Y les conocerás, en serio te encantarán. 

Tras un bufido por mi parte y varios minutos de silencio, accedí a su petición con algo de molestia. 

— Solo iré si me los presentas antes. Paso de quedar el jueves y tener que conocerles ese mismo día... sería incómodo. —hice una mueca, cerrando la taquilla de golpe y viendo entonces a Brittany con un par de amigas más, riendo a carcajadas y seguramente criticando a las demás.
— Te los presento ahora.
— ¿Eh?
— Sí, te dije que venían de traslado a este instituto. Uno de ellos está un curso más arriba que nosotras, por cierto me lo pido, el otro esta en nuestro mismo curso... solo que va a la otra clase. —me dedicó una sonrisa de oreja a oreja.
— Pero ellos estarán en clase... —hice un amago hacia atrás cuando ésta me cogió de la muñeca para arrastrarme con ella.
— Pues les esperamos, nena.
— No sabemos en que clase están ahora.
— Yo sí. Tú no. Samuel está en el laboratorio, ese es el de nuestro nivel y Jayden seguramente esté en Gimnasia o algo por el estilo.
— No tienes ni idea de donde está el Jayden ese.
— No, pero Samuel sí. Así que venga, vamos al laboratorio.


Sin rechistar más, la perseguí por los pasillos hasta que bajamos las escaleras que daban al último piso, más conocido como entre suelo también. Justo en ese instante la sirena que indicaba la finalización de las clases dió su toque de queda y las puertas de aquel pasillo se abrieron de golpe, dejando ver por los pasillos a cantidad de adolescentes corriendo hacia las escaleras para escabullirse al patio y así poder salir de esta cárcel, como lo solían llamar. 

Repentinamente, Hanna corrió hacia uno de los chicos que acabab de salir por las puertas del laboratorio. Rubio, con una leve cresta e iba complétamente de colores claros. "Todo lo contrario a Zayn" fue lo primero que pensé. Me quedé ahí quiera, algo avergonzada hasta que sentí la atención en mí. Hanna me señaló y luego miró a Samuel, éste sonrió también y asintió y acto seguido se acercaron a mí.

— Heäven, nena, éste es Samuel. Samuel, ésta es Heäven.

Dedicándole una sonrisa pude sentir como éste de pronto colocó su mano en mi cintura y me atrajo un poco a él para depositar dos suaves besos en cada una de mis mejillas a modo de saludo. Le correspondí al saludo, algo aturdida y sin saber cómo reaccionar... Aquello me pareció algo extraño.

— Encantada. —dije algo sofocada.
— Igualmente. 

Su sonrisa se extendió algo más por su rostro y tomó una gran bocanada de aire.

— ¿No tenéis hambre? Venga, os invito a comer a un restaurante que conozco muy bien. —propuso, colocando ambas manos atras nuestras espaldas.
— Oh sí, tengo muchísima hambre. —confesó Hanna y me miró suplicante.
— Oh sí, yo también. —mentí, algo desganada en mis palabras.

Salimos del instituto, escuchando a Hanna y Samuel conversar entre ellos mientras que yo simplemente asentía y sonreía... En realidad no me estaba enterando de nada. No por nada personal, simplemente no me interesaba la conversación. Samuel se ofreció a llevarnos en su coche también y así lo hizo. Minutos después del pequeño trayecto paramos en The Devil's. Samuel nos abrió la puerta a Hanna y a mí y ambas bajamos del coche, adentrándonos después en el local.

Una vez el camarero nos ofreció una mesa libre tomamos los tres asiento y nos dieron el menú a cada uno. Mis ojos se mantuvieron fijos en las letras impresas en éste pero enseguida mi atención fue desorientada cuando un par de voces bastante conocidas me llamaron la atención. Me giré con disimulo y entonces vi cómo la puerta entraban Jèrome y Zayn... acompañados de más personas. El estómago se me revolvió y cuanto hice contacto visual con Jèrome, aparté la mirada y la puse nuevamente en la hoja del menú.

— ¿Qué te vas a pedir? —preguntó Hanna, mirándome, pero entonces fui consciente de como sus ojos se movieron un poco y se depositaron en otro lado— nena, te están mirando.
— ¿Quién?
— No sé, no los conozco pero van con Zayn y Jèrome... ¿Has hablado con... —la interrumpí.
— Voy al baño.

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