Había pasado cerca de una semana y media. Había decidido olvidarme de la nota, principalmente porque sabía –o eso quería pensar- que no sería nada serio, seguramente se tratase de alguna broma de personas como Brittany Strauss o gente parecida… Eso así, la incógnita de cómo la habían dejado en mi cuarto sin que yo me enterara seguía amargándome la existencia pero… como ya me había dicho Hanna, lo mejor sería no pensar en ello.
Por otro lado, la conversación con mi madre quedó prácticamente ahí. Sin respuesta. Al día siguiente de que le preguntara sobre su relación con el señor Strauss tuvo que hacer un viaje importante fuera de la ciudad nuevamente y… no quise insistir.
Siguiendo con mi breve resumen de los últimos días… Zayn había desaparecido por completo. No había dejado ni rastro y aquello me había dejado un poco tocada. No solo él, sino que también Jèrome se hizo su escapadita junto a Zayn. Tal para cual. Aquello me mosqueó, porque parecían no llevarse muy bien… o por lo menos no tener mucha relación como amigos pero eso sí, solían tener muchas cosas en común. Aún no olvidaba la imagen de Jèrome tirando al suelo a aquel chico para seguramente haberle pegado una paliza vete tú a saber por qué tontería. Desde aquella noche, no volví a saber nada de los dos y no sabía si estar preocupada, asustada o simplemente estaba siendo una exagerada.
— ¿Lista para que nuestro proyecto de Química haga trizas la mesa? — inquirió Hanna colocando con cuidado el tubo de ensayo.
Reí ante sus palabras y me aparté, cruzándome de brazos y esperando impaciente a la reacción de los componentes químicos. Como era de esperarse. Nada pasó.
— Hemos hecho algo mal.
— ¿No me digas? —pregunté incrédula.
El timbre que indicaba la finalización de las clases retumbó, maravillando prácticamente a todo el alumnado del centro. Era la última hora y siendo las tres de la tarde las ganas de llegar a casa, el cansancio y sobretodo el hambre, jugaban un papel importante en nuestro organismo.
Una vez nos deshicimos de la ropa de laboratorio salimos de la clase y nos encaminamos hacia la salida pero… la presencia de alguien me alertó y me hizo parar en seco. Hanna continuó caminando unos pasos más pero enseguida se dio cuenta de mi ausencia y se giró.
— ¿Qué pasa?
Miré al chico que se encontraba a tan solo unos metros de mí, haciendo cola en recepción. Jèrome. Miré a Hanna y relamí mis labios.
— Nada, acabo de acordarme que mi madre me mandó a pedir unos documento en recepción y llevo toda la semana olvidándome. Me llevará tiempo. — fingí molestia en mi voz — no hace falta que me esperes, iré yo sola a casa. Ve tranquila.
Hanna me miró con desconfianza pero segundos después asintió y salió por la puerta. Miré hacia Jèrome y tras aclararme la garganta caminé hacia su dirección. Hacía casi dos semanas que no daba la cara por aquí –ni Zayn- y por casualidades de la vida, hoy se había presentado… pero no a las clases. Aquello me resultaba algo extraño.
— ¿Jèrome? —pregunté algo incómoda. Enseguida se giró y me dedicó una amplia sonrisa, la cual me tranquilizó más. Terminó de coger los papeles que le dio la secretaria y salió de la fina, encaminándose hacia la puerta— ¡Eh! ¡Espera! —grité para llamar su atención. No sirvió de nada. Maldito capullo bipolar— ¿Puedes parar? Quiero hablar contigo.
— Tengo prisa, Heäven.
— Ya, bueno, y lo mío es importante. —puse los ojos en blanco y paró, girándose. Espetó un molesto “qué” — ¿Por qué no has aparecido durante esta semana y media? —escupí. Él sonrió egocéntrico.
— ¿Preocupada por mí? —enarcó una ceja, con una sonrisa socarrona.
— Me llamó la atención, no solo por tu desaparición sino también por la de Zayn y si a eso le añadimos que él último día que te vi estabas sujetando el cuerpo de un pobre chico indefenso creo que tengo mis derechos en querer saber qué coño ha pasado. —solté sin miedo alguno.
Su cara pareció tensarse con cada una de mis palabras y tragó saliva algo molesto.
— ¿Pobre chico indefenso? —ríe con enfado— Ese hijo de puta… Ahora mismo debe de estar pudriéndose.
— ¿Qué quieres decir?
— No te metas en esto, Heäven. Ya te lo avisé hace mucho… y sigues metiendo las narices donde no te llaman. Bastante es que Zayn te ha llevado al Arcade Bo, no sé qué narices se le pasa a ese chaval por la cabeza.
— ¿Dónde está Zayn? —pregunté sin más.
— Haciendo lo que debería de haber hecho hace mucho tiempo.
— No me estás aclarando nada. —bufé.
— Alejarse de ti.
Aquello me sentó como una jodida patada en el estómago. Su mirada era fría y calculadora… ¿Qué le había pasado ahora? Parecía que quería correr lejos de mí… como según él ya había hecho Zayn.
— Tengo miedo. —murmuré y supuse que mi mirada le lanzó un claro aviso de “socorro” ya que pareció ablandar su pose.
— ¿Qué pasa? —suspiró algo irritado.
— Hace unos días… bueno… la noche del Arcade Bo, cuando llegué a mi casa y tras salir de la ducha, me encontré con una nota en mi dormitorio que no estaba antes de que yo llegara.
Me sorprendió a mi misma el hecho de que le hubiese contado aquello con tanta facilidad.
— ¿Y? —se fijó en mi seriedad y comprendió lo importante que era aquel caso para mí— ¿Qué decía?
— No me acuerdo exactamente pero decía algo de que estaba caminando con el demonio y que no tocara lo que era suyo. No sé, quizá te parezca una tontería pero… últimamente no me siento muy segura. Mi madre se ha vuelto a ir y… estoy sola.
— Heäven… —suspiró.
— ¿Qué?
— Me encantaría ayudarte pero…
— ¿Pero qué? —le interrumpí algo histérica.
— No puedo…
— ¿Tiene que ver con tus asuntos?
— Puede que tenga algo que ver… sí.
— Entonces por favor… dime algo. —rogué.
— Solo te puedo decir que ahora que Zayn está lejos, estás completamente a salvo. Y mejor sería aún si yo me alejara de ti también. Lo siento.
Dicho aquello decidió echar a correr, sin ni si quiera darme tiempo a reaccionar. Por desgracia sus palabras en vez de avispar el miedo en toda regla, avisparon mi intriga e interés. ¿Qué quería decir con todo eso? Sin entender nada, las ansias de llorar se apoderaron de mí. Zayn quería alejarse de mí. No quería volver a verme y al parecer Jèrome igual. Lo que más me molestaba era el hecho de que Zayn ni se había molestado en decírmelo a la cara… simplemente había huido, como un cobarde.
Cerré la puerta de mi casa de un portazo y Thea no dudó en aparecer casi disparada por la puerta de la cocina, limpiando los platos. Me miró con preocupación pero yo simplemente la ignoré y subí las escaleras molesta. Quizá mis fuertes pisadas pudiesen haber roto los escalones. Ignoré por completo las voces de Thea indicándome que bajara a comer y reprochándome el hecho de que la comida estuviera fría por mi tardía llegada.
Caminé frustrada hacia mi cuarto y un vez entré la mochila terminó estampada contra el suelo. Me dejé caer sobre la cama y enseguida una incomodidad bajo mi espalda me hizo echarme a un lado, divisando otro sobre. Enarqué una ceja y de la rabia lo arrugué para entonces tirarlo hacia el espejo y hacer que el sobre rebotara en el suelo unas cuantas veces. No pensaba leerlo. No pensaba cagarme de miedo nuevamente y… mucho menos pensaba satisfacer a la persona que se encargaba de hacer ésta mierda.
Tras minutos de tranquilizarme, decidí levantarme y coger el papel arrugado. En cuando me decidí a abrirlo mi ceño se frunció. Era la dirección de una tienda en Portland. ¿Qué significaba esto? ¿Quería que fuese allí?
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