domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 3

Supuse que aquello de tener a Zayn como compañero era una simple aventura pasajera de un par de semanas... Hasta tener el tiempo suficiente de rogarle al profesor Smith que por favor, me dejase volver a sentarme junto a Hanna. 

En cuanto llegué a casa, para mi sorpresa, Dorothea se encontraba ya preparando la comida. Dorothea era la criada que mamá contrataba cuando se tenía que ir a hacer sus viajes al extranjero por cuestiones de trabajo. Digamos que sí, se agradecía y bastante. 

— Buenos días, niña. —saludó desde la cocina, asomándose por la puerta para verme. Le dediqué una sonrisa— Estás hecha una pordiosera. Dúchate y cámbiate, anda. Así no vas a conquistar a ningún mozo.

Hice una mueca ante sus palabras, pero precisamente por éstas reí también a causa de su vocabulario al utilizar el "mozo" y "niña". Asentí, dándole la razón y me dirigí a mi cuarto.

Después de unos veinte minutos, tras ducharme y ponerme ropa para estar por casa, dejé la ropa sucia para lavar y me encaminé hacia la cocina dónde Thea ya había dejado los platos de comida sobre la mesa. Sí, olía excelente.

— ¿Qué tal hoy en el instiuto, niña? ¿Qué le ha pasado a tu ropa? 
— Problemas.
— ¿Con quién? Yo puedo hacer magia negra, eh. —me advirtió, riendo.
— Lo sé, Thea, lo sé. Pero prefiero guardar tus magníficos poderes para asuntos más importantes... —asentí, continuando con la broma. Si es que era una broma ya que Thea nunca había desmentido lo de sus poderes, pero en cambio, nunca los había mostrado. — Ha sido un día largo y pesado. El tiempo no ayuda.
— Niña, ya sabes que aquí siempre está nublado. Lo raro es que haya salido el sol al medio día...

Me acomodé sobre la silla y una duda se interpuso entre mis anteriores pensamientos. Miré a Thea con los ojos entrecerrados.

— Thea... ¿Tú dónde vives? 
— Digamos que lejos... Cerca de Delphic.
— Entonces no está tan lejos...
— Deberías de saber que tu casa no se encuentra localizada en un sitio muy accesible. Con lo cual sí... me pilla lejos.
— Bueno sí... tienes razón. Vivimos un poco lejos, la verdad. Quiero un coche.
— Lo bueno de esta casa es que atrae pocos peligros... 
— No sabría yo que decirte. —sonreí ante aquello y Thea hizo lo mismo.

Después de terminar de comer me dirigí a mi cuarto, dispuesta a terminar los deberes que no había empezado en biología y de el resto de materias que me faltaban por hacer. Por desgracia, la palabra biología me hizo acordardme de Zayn. Hice una mueca de asco y saqué el libro de uno de mis cajones, no, no estaba. Maldecí una y otra vez por lo bajo mientras continuaba buscando el libro una y otra vez por mi habitación hasta que me resigné a que no haría los deberes y empezaría con otra materia.

Rebusqué en mi mochila los demás libros y me quedé en shock en cuanto vi el libro de biología dentro de la mochila. Juro que por un momento un calambre recorrió mi espina dorsal. Miré a mi alrededor pero no había nada ni nadie... con lo cual nada podía haber pasado. Queriendo darme confianza y tranquilidad a mí misma, me dije que es que con los nervios de tener a Zayn al lado en clase de biología no me había parado a rebuscar bien en la mochila. Sí, había sido aquello.

Abrí el libro una vez lo dejé sobre la mesa, por la página indicada y mi vista fue a parar hacia el extremo superior de la página, donde ponía con un bolígrafo rojo "Zayn" acompañado de un par de números bastante grandes. No sabía cómo tomarme aquello pero ante la furia de tantas cosas raras juntas encendí mi móvil y marqué aquellos números tintados en la hoja. Salió el contestador. Perfecto, más tarde volvería a llamar y le pediría una explicación.

Por desgracia y vergüenza, después de que pasaran prácticamente cuatro horas terminando los deberes que tenía, más un poco de estudio, más buscando un poco de información sobre al aparato reproductor humano en internet, no me atreví a volver a llamar a Zayn. 

Me metí en la cama y me hice un ovillo entre las sábanas, dándole vueltas una y otra vez a todo lo ocurrido aquel día. Primero Brittany en la carretera, intenta no atropellarme pero que únicamente lo hizo para dejarme en ridículo en frente de todos. Después el cambio de asiento, el cual me tocó la moral. Y por último la aparición repentina de mi libro de biología en la mochila más aquel número de mi compañero. Definitivamente hoy no había sido un buen día, ni tampoco había sido un día normal.





Hanna pasó a recogerme a las siete y media de la mañana, como lo solía hacer antiguamente pero éste año había estado más pendiente de llegar guapa al instituto que de recogerme. 

Entré en su coche y di un portazo.

— ¿Qué te pasa, fiera? —preguntó arrancando el motor.
— He dormido mal... 

Me puse el cinturón y me recogí el pelo en una leve coleta alta, mirándome en el espejo retrovisor. Algún que otro cabello rebelde sobresalía, pero tampoco me importaba.

— ¿Me juras que tu cabello es natural? —preguntó como de costumbre— ¡Ese rojo no existe, Heäven!
— ¿Otra vez la misma pregunta? Sí, sí es natural. Y no sé, no seré normal. —me encogí de hombros y suspiré.
— Tus pestañas son larguísimas, ¿dónde te has comprado el par? Yo también quiero unas.
— Hanna, ¿eres tonta? No son postizas. 

Dije algo alterada y ésta se calló, conduciendo en silencio. Nuevamente volvió a hablar.

— Heäv... 
—¿Qué? —arrastré aquella palabra para después suspirar, cansada.
— Quiero que me acompañes hoy a Portland. Necesito comprarme ropa nueva. Ya sabes, se acercan las navidades y no tengo nada que ponerme. 

Asentí y la conversación terminó ahí, por lo menos por mi parte ya que ésta continuaba parloteando como si le llevara la vida en ello.

Pronto llegamos al instituto y... tenía biología a tercera hora. Lo que significaba que no vería a Zayn hasta aquella hora y hasta aquella hora no le podría pedir explicaciones. Bueno, recopilando toda clase de sentimientos que tenía ahora mismo en el organismo una parte de mí no quería verlo, principalmente porque era un imbécil y me daba algo de miedo, por otra parte necesitaba verlo porque debía pedirle explicaciones, hablar sobre el trabajo y porque algo en él llamaba mi atención. Y no, no era su claro atractivo. 

Las horas pasaron, primero castellano y después matemáticas dónde por desgracia me había tocado darle un par de mini clases a Hanna y Clark, que eran como dos perros en celo. Se ladraban constantemente y no prestaban atención.

Gracias a Dios, y por desgracia divina, la clase de matemáticas terminó y nos tocó cambiarnos de aula ya que la clase de biología se encontraba en otra aula. Yo seguía montándome en mi cabeza un diálogo el que mantener con mi compañero. Nada más entrar me vi con la imagen de Brittany, sentada en mi asiento y manteniendo una conversación con Zayn, de la cual el moreno no parecía muy entusiasmado. Éste me vio y me hizo una señal con su dedo para que me acercara, yo en cambio, alcé el mentón y me fui junto a Hanna, para sentarme con ella.

— ¿Qué hace señorita Gallokway? —me preguntó una vez me senté junto a Hanna.— creo recordarle que su asiento es allí atrás. —hizo una seña con su cabeza y enseguida se percató de Brittany— Señorita Strauss, vuelva a su sitio de inmediato.

Tras un bufido y una sonrisa juguetona hacia Zayn, Brittany se levantó y yo hice lo mismo, caminando algo avergonzada hasta mi asiento.

— No sabes cómo marcar territorio. Me decepcionas. —dijo burlón una vez me senté a su lado y una sonrisa encuadró su cara.
— No quiero marcar territorio. —saqué mis libros y los dejé sobre la mesa, mirándolo de reojo. Hacía pequeños garabatos sobre una hija de papel que tenía en la mesa y la iba moviendo.— me debes una explicación. —éste me miró, serio y esperando a que yo hablara. Abrí el libro por la página en la que ponía su número y giré el libro a su disposición, para que lo viese. Zayn rió y asintió levemente.— ¿Qué?
— Es mi número de teléfono. —contestó.
— Ya, hasta ahí he llegado. —volví a coger el libro y lo cerré de golpe.— lo que te pregunto es qué hacía tu número ahí, y cómo lo has puesto ahí. Yo ayer no tenía el libro.

Zayn se encogió de hombros y fingió prestar atención a lo que el profesor Smith estaba empezando a explicar. Yo me quedé callada, mirándolo algo molesta, queriendo acribillarle con la mirada. No me hacía ni puta gracia el rollito misterioso que éste llevaba consigo. 

— Heäven, a ver... sino te importa... ¿Qué es lo que te excita?
— ¿Perdón? —fruncí el ceño y sentí todas las miradas sobre mí, excepto la de Zayn. Mis mejillas comenzaron a arder.
— Estamos hablando de las estimulaciones sexuales, tanto físicas como psicológicas. Yo te pregunto, ¿qué es lo que te excita?... ¿Qué es lo que te estimula?
— No creo que esto sea asunto de nadie. Es privado, ¿no? —pregunté avergonzada.
— Vamos Heäven, no es nada malo. ¡Dinos! ¿Qué te excita?

Por primera vez pude sentir la mirada de Zayn clavada en mí, lo miré de soslayo y estaba sonriendo. Pude ver como su lengua humedecía un de sus comisuras y sentí arder por dentro.

— Eso Heäven, ¿Qué es lo que te pone? —salió de su boca y todos rieron. Lo miré, rogándole callarse. 
— No voy a contestar. 
— Bueno vale... he de aceptar que la pregunta ha sonado un poco mal. La voy a reformular. —el profesor Smith llevó su mano a sus ojos y presionó con fuerza sobre sus párpados. Me miró nuevamente. — ¿Qué es lo que te gusta o atrae de una persona? Tanto chico como chica.
— Chico. —recalqué.
— Bueno, lo que sea. Te voy a ayudar... —caminó con cierta torpeza y rapidez hacia la pizarra y comenzó a escribir mientras hablaba— la estimulación se puede dar tanto físicamente o psicológicamente... como ya he dicho antes. ¿Me podéis poner ejemplos?

El profesor Smith posó su mirada en cada uno de los alumnos y Zayn levantó la mano. El corazón se me paró.

— Puede ser mediante el olfato, la vista... —me dirigió una rápida mirada— el tacto, el pensamiento... ya sabe. Esas cosas.
— Lo que nos lleva a sentir emociones ¿Verdad?

Zayn asintió, yo sin embargo me quedé quieta, mirando a ambos.

— Brittany, ¿qué es lo que te estimula? Siguiendo las pautas que ha marcado Zayn.

Ésta humedeció sus labios, mordiéndose el inferior después. Dándose un toque de "oh dios, no me preguntéis esto" que claramente era falso. A Brittany le encantaba que le preguntaran sobre aquello. 

— El tacto es una buena estimulación... —comenzó, y más de un tío se animó a aquellas palabras de la rubia. Repugnante. — Hmm supongo que la vista también es un buen estimulante... si me gusta lo que veo, me excito. —se encogió de hombros.
— ¿Te gusta lo que ves? —preguntó uno de los chicos que se encontraban a su alrededor, extendiendo los brazos para dejarse ver. Brittany rodó los ojos, poniendo una mueca de asco.
— Y bien, Brittany, ¿hay aquí algo que te estimule?
— Eso no se dice profesor... —contestó, haciéndose la víctima y echando un vistazo rápido a Zayn. Y una mierda. — pero sí.

Por desgracia, la atención se volvió a posar sobre mí. "Mierda", pensé.

— Bien Heäven, ya has tenido una ayuda. Ahora tú. ¿Qué es lo que te excita?
— Supongo que lo mismo que a ella. No sé, nunca me he parado a pensarlo. —noté más de un ceño fruncido mirándome— bueno supongo que el olfato también es importante. Es decir, el olor de la persona opuesta debe de causar algo positivo en mí si quiero sentirme atraída a él. ¿De qué me sirve desearlo por un simple roce si huele a mil demonios?
— Cierto. —murmuró Zayn.
— ¿Zayn? —preguntó el profesor.
— Una mezcla de todos. Tanto el tacto, como el olfato y la vista son importantes. También lo son el pensamiento y las emociones. Yo puedo imaginarme muchísimas cosas y excitarme. 

Abrí los ojos de par en par ante su contestación. El profesor Smith rió.

— Bien... Por fin alguien que se ha atrevido a contestar con la verdad. Sí. La imaginación juega un gran papel aquí. No hace falta sentirte atraído únicamente por el olor, roces o apariencias de una persona, al fin y al cabo lo que te lleva a la excitación es tu imaginación. 
— Eso es patético. —dije sin querer, cruzándome de brazos.
— El problema aquí es que la señorita Gallokway es una santa. —soltó Zayn, mirándome y alzando ambas comisuras de sus labios en una rápida sonrisa pero sin mostrar los dientes. Se acomodó sobre la silla.— Su imaginación no juega papel en su vida.
— ¡Eso es mentira! —exclamé, avergonzada e irritada.— claro que me imagino cosas, pero no necesariamente sexuales.
— Lo dicho. Santa. —volvió a decir. 

El timbre sonó. Justo en el momento indicado. Me quedé mirándolo, algo furiosa. Todo el mundo se levantó de sus asientos para irse. Estaba dispuesta a hacer lo mismo así que recogí las cosas de mi mesa, pero antes de que pudiera levantarme sentí como mi silla se movía y me acercaba más a la de Zayn. Había sido él el que se había encargado de acercarme. Sin permiso alguno y con total seguridad apartó un par de cabellos rebeldes que se habían escapado de mi coleta y los puso tras mi oreja para después apoyar el brazo tras el respaldo de mi silla.

— ¿Qué haces? —pregunté, tratando de no tartamudear.
— Tenemos que quedar.
— ¿Perdón? —fruncí el ceño.
— No te emociones. El trabajo de biología, es para la semana que viene ¿Recuerdas? —una sonrisa apareció en su rostro.
— Ayer eras tú el que parecía no poner interés en el trabajo, así que hoy seré yo la que no lo ponga. Hasta mañana. 

Sin más, me levanté del asiento y comencé a caminar hacia la puerta. Un chasquido de lengua llamó mi atención. Aquello me recordó a algo pero no caía en qué. Me giré y lo miré.

— Tienes mi número. —señaló con la cabeza a mi libro de biología, que se encontraba sobre mi pecho— si decides cambiar de opinión, ya sabes, aunque no sea para el trabajo. 

Juraría que me guiñó un ojo. Puse los ojos en blanco y salí por la puerta. Me enervaba. 

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