domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 1


Aquel sitio no me resultaba nada familiar. Adolescentes bailando, borrachos rompiendo el último vaso de vodka que seguramente beberían aquella noche, música a toda pastilla y un continuo parpadeo de luces insoportable. Acababa de llegar y ya tenía presente un dolor de cabeza que ni con veinte pastillas me podría quitar. Qué exagerada. 

— Mantente alejada. —fue lo primero que oí salir de la boca de Hanna al entrar en aquel antro. Todo estaba completamente oscuro, exceptuando los pequeños focos de luz que alumbraban la zona centro del sitio—. Aquí hay más de un salido.

Hanna era mi mejor amiga desde que tengo memoria. Vale, puede que 17, casi 18... recalco, no seran demasiados años de vida como para alardear de aquel juego de palabras pero eso sí, Hanna ha sido y será mi persona más confidente. 

Busqué con la mirada cualquier cara conocida a pesar de la oscuridad. Juraría e incluso apostaría a que vi a Clark, un compañero de clase el cual siempre se está metiendo en lios, pero tampoco era nada interesante. Sentí un leve golpe en uno de mis costados y me quejé. Era Hanna.

— ¿Qué? —me quejé acariciándome la zona afectada y la miré.
— Tenemos que buscar a Jèrome. 

Hanna cogió mi mano y tiró de ésta con fuerza, arrastrándome en el interior de aquel agujero negro. Que agobio, fue lo primero que pensé.

Jèrome era el mejor amigo del hermano de Hanna y Hanna no estaba muy contenta con aquella idea. Decía que aquel chico era una mala influencia para su hermano de 17 años, al igual que ella. 

— ¿Por qué hemos venido? Aún no lo entiendo. —volví a quejarme mientras murmuraba más de un perdón conforme íbamos avanzando.
— Porque nos lo ha pedido Victor. Ya sabes como es mi hermano.
— Si Jèrome es su amigo no entiendo por qué nos ha hecho venir. —mascullé.
— No lo quiero perder de vista... ¿Entiendes ya por qué estoy tan interesada en encontrarlo, no? Jerme no me gusta.
— ¿Por qué? — Fruncí el ceño.
— No sé... Simplemente no me fío ¿Sabes? He visto últimamente a Victor muy raro y si nos ha pedido que vengamos será por algo.
— Creo que estás un poco paranoica la verdad. Victor tiene ya los 17 y Jèrome no sé cuantos tendrá la verdad, pero parece más mayor, será maduro... 
— Sabemos de sobra que la edad es solo un número... No significa nada.
— Es cierto... tú eres el claro ejemplo de ello. 

Reí por lo bajo y a pesar de que Hanna no se giró pude notar como una sonrisa se curvaba en su rostro y es que era cierto, ella no era el claro ejemplo de madurez a pesar de sus 17, casi 18, y estaba orgullosa de ello. Todo con ella eran risas y la verdad es que no me podía imaginar sin otra que no fuera ella. En los últimos dos años de mi vida había formado un papel bastante importante en ésta y había pasado más noches durmiendo en mi casa o yo en la suya que sola entre las sábanas. 

— Gracias a Dios. Allí están. 

Por fin Hanna soltó mi mano y desapareció entre la multitud, luchando por llegar hacia Jèrome y su hermano. Yo al contrario, bufé y miré a mi alrededor. A pesar del fuerte sonido de la música retumbar tanto en mis oídos como en el resto de aquella discoteca, más conocida como "Inferno", pude escuchar una risita provenir directamente desde mi espalda. 

— ¿Qué haces aquí? 

Dejé que mis párpados cayeran y los apreté con fuerza. La verdad es que ahora lo que menos ganas tenía de hacer era discutir o entablarme en una pelea hasta las manos con Brittany McLauren. Brittany era la típica chica popular del insituto. Sí, esto os deberá de sonar mucho a típica historia de novela pero al parecer todos los insitutos de Estados Unidos tenían a una de éstas. Y sí, son tan malas como nos las hacen ver en los libros, o incluso peores.

— Lo mismo que tú, Brit. —me giré para mirarla y le dediqué una leve sonrisa entre dientes, demostrando fortaleza y seguridad aunque dudo que aquello le convenciera ya que tardé bastante en girarme. 
— ¿Lo mismo que yo? Lo dudo. Tú no perteneces a estos lugares, Heäven. Lo cierto es que si yo estoy aquí, por lo menos me lo estoy pasando bien, cosa de la cual tú dudo que conozcas el significado.

Con una sonrisa arrogante se llevó el vaso de vozka a los labios y tras tragar y saborear aquel líquido pude notar como la garganta se le quemaba cuando el líquido la traspaso, principalmente por la expresión de su rostro. Dura y agría.

— ¿Has terminado? —pregunté una vez sus ojos se volvieron a posar en los míos.
— No. La próxima vez que decidas venir a una discotecta de prestigio como lo es el "Inferno" más te vale venir adecuadamente vestida. Cielo, los trapos que llevas son peores que mi pijama.

Sentí como mis mejillas ardieron en el instante que Brittany saltó eso por su boca e inevitablemente agaché mi cabeza para mirar mi vestimenta. Pantalones de chandal y una camiseta con un dibujo de colorines en ésta. Vale, debía de admitir que no me había arreglado para la ocasión pero es que para ser sinceras, a pesar de haber recibido la invitación hacía más de una semana, había decidido venir 10 minutos antes del toque de queda, cuando Hanna decidió irrumpir en mi cuarto entrando por la ventana.

— Heäv estabas aquí... 

Hanna fue interrumpida una vez vio a Brittany parada frente a nosotras. Enseguida supo qué pasaba, pues la tensión estaba presente. Hanna pasó de saludar y me dirigió su suave y cálida mirada, queriéndome decir que todo estaba bien y no me tendría que preocupar. 

— Sí... ¿Has hablado ya con tu hermano? —ignoré por completo a Brit, quien decidió irse y entonces centré toda mi atención en Hanna. Asintió conforme.
— Sí. Me ha dicho que no me preocupe, que si quiero nos podemos ir.
— ¿Y bien? ¿Qué hacemos aquí? 

Caminé para dirigirime hacia la puerta pero un tirón por parte de Hanna me obligó a mantenerme en mi sitio.

— ¡No! Si al principio nos ha pedido que vengamos es por algo. Ya te lo he dicho. Además, ese cambio de opinión ha sido muy raro. ¿Y si planean hacer algo malo?
— La policia existe.
— ¿Para qué llamar a la policia si puedo estar yo para impedirlo? Sabes que me encanta todo eso del espionaje... — dijo mirando a sus alrededores con atención.

Puse los ojos en blanco ante su cabezonería y accedí a su petición de quedarnos aunque sea hasta las dos de la madrugada. Por suerte, al día siguiente no había escuela y con lo cual tenía prácticamente todo el día siguiente para dormir. A parte de eso, tenía la "suerte" de que mi madre estaba fuera por motivos de trabajo, como siempre, y Vee se quedaría hoy en mi casa a dormir.

Mantuve mis ojos fijos en la pista de baile. Al parecer había sucedido algo y había un cúmulo de personas, más claramente chicos, en una esquina intercambiando un par de palabras. Humedecí mis labios y me estremecí en cuanto entendí que ese par de palabras terminarían en las manos si alguien no intervenía y tenía claro que esa persona no iba a ser yo. 

Uno de los chicos a los pocos segundos terminó tendido en el suelo y sin poder evitar sentir curiosidad me encaminé hacia aquel lugar, como había hecho todo el mundo. El chico que lo había golpeado se encontraba agachado al lado del que estaba tendido en el suelo, sujetándolo con fuerza del mentón obligando a que lo mirara. No podía mirar directamente a éste a los ojos pero estaba segura de que el fuego ocupaba gran parte de su mirada y organismo. 

Aquel chico era moreno, tanto de piel como de cabello y, a pesar de que tampoco podía ver mucho a causa del parpadeo constante de las luces de neón, no tenía un cuerpo bastante pronunciado. Delgado, pero bien puesto, sin ser exagerado. Éste se levantó en cuento sintió unas manos colocarse sobre sus hombros y salió del local hecho una fiera, un escalofrío me recorrió la columna vertebral y quise buscar a Hanna con la mirada. Hacía más de 15 minutos que me había dejado sola y no se había dignado a aparecer. 

El tiempo pasó y Hanna seguía sin aparecer. ¿Debería preocuparme? ¡Oh, claro que debería! ¿Dónde narices se había metido? Ni si quiera había rastro de Victor y mucho menos de Jèrome. Harta y tras haber dejado más de una llamada en su cochambroso móvil salí del local hecha lo que viene siendo algo parecido a una furia y me encaminé por la acerca agrietada hacia una parada de autobus o lo que sea para poder volve a mi casa. Estos eran los problemas de no tener un coche. 

— ¡Heäven, ven! ¡Nos lo pasaremos bien! —imité la voz de Hanna a la hora que me convenció—. Y una mierda. 

Pegué una patada a una piedra que se había entrometido en mi camino y un chasquido de lengua tras de mi llamó mi atención. Paré en sequó y me paralicé en el momento que escuché aquello. ¿Quién narices era?

— Cuidado, vas a hacer daño a alguien con esa actitud. La piedra no tiene la culpa.

Una voz burlona y... masculina. Genial, la única raza humana con la que no se me daba muy bien mantener conversaciones y/o algún cruce de dos o tres palabras. 
Sin girarme, me ergí para parecer segura de mi misma y alcé el mentón.

— ¿Y tú qué sabes de quién tiene la culpa y quién no?
— Confía en mí. Lo sé. 

No lo estaba mirando pero me jugaba el cuello a que una sonrisa triunfante se apoderó de su rostro. Estaba asustada... bueno más bien cagada de miedo. No reconocía esa voz y tenía miedo de girarme y confirmar mi teoría de que no conocía a esa persona. Sí, soy una paranoica pero no debería haberme ido sola de la discoteca. ¿De qué me sirve quejarme? 

Cuando estuve decidida a girarme, tomando una gran bocanada de aire, me giré rápidamente y me quedé petrificada al no ver a nadie frente a mí, ni si quiera a mis alrededores. Mantuve el aire que había tomado anteriormente firmemente en mis pulmones y tras mirar rápidamente a mi alrededor, asustada, lo solté con tranquilidad para después comenzar a caminar a paso más rápido. 


Cerré la puerta tras de mí y me introduje en mi casa como alma llevada por el diablo. Aún sentía los escalofríos que habían dejado aquella voz hace unos 20 minutos atrás. Me descalcé nada más llegar a mi cuarto y me tiré sobre la cama, cogiendo el móvil nuévamente y marcando el número de Hanna. En ese mismo instante pude escuchar un par de golpes en mi ventana y me levanté inmediatamente de la cama para asomarme por la ventana. Sospechas confirmadas, se trataba de Hanna. 

Colgué el móvil, enfurecida y abrí las ventanas de par en par.

— ¿Qué haces ahí?
— Se supone que me quedaba a dormir.
— ¿Y no puedes tocar a la puerta como una persona normal? Mi madre no está y lo sabes.
— Me gusta la aventura. Tírame una cuerda.

Puse los ojos en blanco ante su comportamiento.

— No tengo ninguna cuerda, Hanna. Deja de hacer el tonto y ve a la puerta, enseguida bajo y te abro. 

Hanna obedeció y tras cerrar las ventanas me encaminé a la puerta, cuando la abrí Hanna estaba ya llegando y entró con la voz agitada.

— Siempre te cansas de andar un poco. ¿Quién te ha traido? 
— Clark. —respondió ella con indiferencia y cerró la puerta.
— ¡¿Clark?! —sin poder creérlo, la perseguí hasta mi cuarto con las cejas enarcadas—. ¿Qué hacías tú con Clark a estas horas? Bueno no, no me interesa, estoy muy enfadada contigo. ¿Dónde te habías metido? ¡Me he vuelto sola! ¡Andando desde el Inferno! Son unos quince kilometros, Hanna. ¡Quince kilometros!

Hanna frunció el ceño y se llevó ambas manos para tapar sus orejas.

— No me grites. —pidió con serenidad y se sentó sobre el colchón—. No entiendo tu cabreo, ¿no te gusta hacer deporte?
— ¡No si es de noche y sola y cerca de una zona solitaria dónde no había ni un diablo, Hanna! ¿Y si me llega a pasar algo? ¿Tu conciencia estaría tranquila?
— Te he dicho que no me grites. Qué exagerada eres, Heäv. No te ha pasado nada... Estás sana y salva ¿No? Entonces no te quejes, tómalo como una prueba de supervivencia.

Me guiñó el ojo y se quitó los zapatos de tacón, recostándose sobre el cabecero de mi cama.

— Casi. 

Hanna me volvió a mirar, esta vez entornando los ojos.

— Hablo en serio, Hanna. Ha sido super raro, aún tengo los pelos como escarpias.

Caminé hacia el armario y saqué la ropa que me pondría mañana para después comenzar a desvestirme.

— A ver, señorita angustias, cuéntame. ¿Qué ha sido "super raro"? —nótese la burla en su voz.

Le conté todo lo ocurrido con exactitud y se echó a reír.

— ¿Una voz te atacó? —una carcajada salió de sus labios y la fulminé con la mirada.
— Hanna, hablo en serio. Me giré y no había nadie. Sabes que estas cosas no me hacen gracia, estoy sola en casa la mayoría del tiempo. Me emparanoio fácilmente.
— Está bien, me lo tomaré en serio. ¿No te has parado a pensar en que a lo mejor era alguno de los amigos de la fabulosa e indescriptible Brittany? 
— ¿Por qué iba a ser uno de ellos? No sé, tampoco me han dicho nada malo.
— ¡Heäven me estás diciendo que estás cagada de miedo y ahora me dices que no ha sido nada malo! ¡Aclárate!
— No. A ver, estoy cagada de miedo por el hecho de que alguien me hablara y en menos de un segundo esa voz procedente de una persona, ya que estoy segura de que los bichos no hablan, desapareciera, son cosas muy distintas.
— A ver, Heäv, todos en clase sabemos que estás sola en casa la mayoría del tiempo... ¿No crees que haya podido ser el principio de algún plan malévolo de Brittany para que tengas miedo?
— Eso es una tontería, Brit no perdería el tiempo en juegos como ese.
— ¡No la llames Brit! Se usa para acortar el nombre cuando hay confianza y tú y Brittany no tenéis confianza ni sois amigas ni lo seréis así que hazme el favor de llamarla por su nombre completo o te juro que quemo la casa.

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