Acerqué mi oído a la puerta como si de una señora cotilla se tratara. No lograba entender nada… o bueno más bien no lograba encajar las palabras que lograba identificar en una frase coherente. La única voz que reconocía era la de Jèrome y al parecer Zayn se mantenía callado. Unos golpes empezaron a resonar en la sala en cuanto estuve dispuesta a abrir la puerta, ésta se abrió y enseguida choqué con alguien.
Zayn.
Abrí los ojos de par en par al tenerlo tan de cerca y ante el impacto. Éste, sin embargo, cerró la puerta tras de él y no me dejó pasar. Algo no iba bien. Alcé una ceja, aturdida y me crucé de brazos.
— ¿Qué pasa ahí fuera? Quiero ver. —informé, queriendo abrir la puerta pero éste me lo impidió cogiéndome de la muñeca.
— No es un espectáculo muy agradable de ver, Heäven. —serio. Me tomó por sorpresa.
— Me da igual. Me has traído aquí. Supongo que tengo derecho a saber qué pasa y qué van a hacer con ese pobre chico. —indignada, me solté y caminé por aquel cuarto.
Me fijé en los adornos que decoraban éste y eran bastante oscuros y tenebrosos. Cabezas de diablos. Figuras de ángeles junto a sus alas arrancadas a un lado… pero que parecían reírse del reino celestial. Miré a Zayn pero su mirada seguía dura.
— ¿Qué chico? —preguntó entonces.
— ¿Cómo que qué chico? He visto a Jèrome tirando un cuerpo al suelo nada más subir por las escaleras. No estoy ciega y tampoco soy tonta.
— Deliras, Ángel.
Rodé los ojos, sintiéndome bastante estúpida por su comportamiento. Me estaba tratando como a una gilipollas y parecía no importarle. Yo no estaba ciega… y tampoco loca. Bueno… últimamente estaba algo cansada y aquello me hacía imaginarme cosas que no eran… pero estaba completamente segura de lo que había visto.
Cansada miré el reloj que adornaba mi muñeca e hice una mueca ante la hora que era.
— ¿Quieres volver a casa? —preguntó, aún con el semblante serio.
— Pues sí. Es tarde.
— Son las once de la noche. —alzó una ceja, expectante.
— ¿Y? Mañana hay clase y mi madre me ha puesto un tope de hora.
— Vaya… la niña buena. ¿Haces caso a todo lo que dice tu madre? —sonrió de lado, dejando que una franja de dientes blancos y relucientes alumbraran la tranquila y oscura habitación.
— Hago caso a lo racional. —me crucé de brazos, alzando el mentón.
Él rió y caminó hacia la gran ventana que había en el cuarto, abriéndola de par en par. Era inmensa. Se inclinó sobre ésta y miró hacia los lados… parecía estar inspeccionando el lugar. Acto seguido paso una de sus piernas por el marco de la ventana, quedando un lado de su cuerpo fuera del edificio y manteniendo su otra pierna dentro del cuarto. ¿Qué coño iba a hacer? ¿Se pensaba tirar?
Fruncí el ceño, algo confusa, y éste se paso una de sus manos por su cabello, despeinándolo. Estaba guapísimo.
— ¿Te vas a suicidar? —pregunté, riéndome. Entonces, se tiró y desapareció. Enseguida corrí al marco de la ventana y me apoyé sobre éste y miré a todos lados. Mi corazón iba a cien por segundo. No estaba. ¿Qué cojones? — ¡¿Zayn?! —exclamé asustada y algo aturdida— ¿Zayn? Vamos… era una broma. ¿Dónde estás?
No había respuesta alguna… simplemente la brisa de la noche, los grillos y de repente el rugido de una moto llamó mi atención. En menos de diez segundos Zayn apareció por una de las esquinas montando su Harley. Ni un rasguño. Ninguna pierna rota. Ningún brazo descolocado. Ningún roto en sus pantalones o chaqueta de cuero. Como si no hubiese pasado nada.
— ¡¿Eres imbécil?! ¡Te podrías haber matado! —le recriminé bastante enfadada. Él rió y se quitó el casco.
— No me digas que estabas preocupada, Ángel. —inclinó su cabeza hacia atrás y rió divertido. Imbécil.
— ¿Qué haces? ¿Piensas dejarme aquí? —él negó con la cabeza y vi un destello en sus ojos— ¿Entonces?
— Salta. —dijo.
— ¿Qué? ¿Me estás vacilando? —reí nerviosa y divertida. Sabía que no me estaba vacilando. — Salgo por la puerta como una persona civilizada. No te muevas de ahí.
— Como quieras. Pero está cerrada.
Antes de que pudiera comenzar a caminar hacia la puerta, me quedé parada escuchando su risa por lo bajo. Apreté la mandíbula y sin caer en su juego, me volví a girar y lo miré.
— Llevo falda y me puedo romper una pierna. —dije mirándolo fijamente a los ojos.
— No encuentro el problema en ninguno de los dos casos. —una sonrisa maliciosa y un brillo divertido en sus ojos se apoderaron de su rostro. Casi me hicieron sonreír.
— Yo sí. No soy Spiderman.
— Te cogeré yo. —se ofreció, bajándose de la moto y colocándose debajo de la ventana.
— Llevo falda. —repetí.
— Y yo pantalones. ¿Y? —vaciló.
— No quiero que me veas las bragas. —me quejé.
— Pues haber venido desnuda, Cielo. —me guiñó un ojo y no pude evitar soltar una risa. — Vamos, salta. No voy a ver nada que no haya visto antes.
Tomé una bocanada de aire y entonces hice los mismos movimientos que éste hizo antes. En menos de un latido de mi corazón estuve entre sus brazos y me aferré a su cuello con fuerza, sintiendo aún la adrenalina correr por mis venas.
— ¿Ves? Soy un hombre de palabra.
Abrí los ojos en cuanto él dijo aquello y en un rápido movimiento logré bajarme de sus brazos, colocándome bien la falda y el pelo. Lo vi caminar hacia la moto y se subió en ésta. Yo hice lo mismo, colocándome tras él. Me abracé a su espalda y el motor rugió. Antes de ponerse en marcha habló.
— Por cierto, me encanta el color rojo en tus braguitas. Muy sexy y caliente.
Tras decir aquello, como si un destello de luz se tratara, nos encontrábamos ya en la carretera. No quise contestarle pero no pude esconder una sonrisa en mi rostro mientras me abrazaba más a él. En menos de lo pensado la Harley estaba aparcada frente a mi casa y Dorothea enseguida salió. Aquello me asustó así que rápidamente me bajé de la moto y caminé hacia ésta, que hizo lo mismo pero caminó hacia mí.
— ¿Quién es él? —preguntó en susurros.
— Un amigo. —contesté en el mismo tono. — Se llama Zayn.
— ¿De qué lo conoces?
— Es… mi compañero de biología. —fruncí el ceño ante aquel interrogatorio— ¿Por qué?
— Mmm… no por nada. Da igual. Entra a casa.
— Voy a despedirme de él.
— No tardes. —me retó, utilizando su dedo índice apuntando a mi rostro como arma. Yo asentí y la miré confusa.
En cuanto Thea se metió en casa nuevamente, me giré para mirar a Zayn, quien se encontraba jugando con los cierres del casco entre sus manos y mirando éste. A veces parecía un crío y aquello me enternecía. Caminé hacia él con una tonta sonrisa en los labios y apoyé uno de mis codos sobre la manilla de la moto. Éste alzó la mirada y me miró.
— ¿Te lo has pasado bien?
— No me has enseñado ni a jugar al baseball ni al pool —le eché en cara riendo— y tampoco me ha dado tiempo a preguntarte ni a que respondieras mis preguntas.
— Bueno… entonces me reservas otra salida, ¿no? —sonrió entre dientes.
— No lo sé. Lo tendré que pensar.
— No te sale hacerte la interesada.
— ¿Por qué no? —mi postura cambió a una más fría.
— Porque no te sale. Sabes perfectamente que pasarías otra noche conmigo encantada… y quizá me puedas enseñar tú qué es lo que sabes hacer en otros ámbitos y yo pueda enseñarte a ti también. ¿No?
Su mirada reflejaba picardía y me quedé mirándola fijamente. Aterrador y ardiente. Reí ante su clara indirecta y asentí.
— Mejor me voy dentro. —susurré. Él asintió. Miré un momento hacia una de las ventanas de la casa y vi como una de las cortinas se cerraban.
— ¿Qué pasa? —preguntó extrañado, colocando una de sus manos en mi cintura. Aquello llamó mi atención y lo miré.
— ¿Qué?
— Que ¿qué pasa?
— Ah… no sé. Thea está rara. —negué con la cabeza. Él parecía no entender— La… sirvienta de la casa por decirlo así. Últimamente está bastante… rara. No sé. Bueno da igual, me voy dentro.
Le dediqué una simple sonrisa pero antes de irme deposité un beso en una de sus mejillas.
— Sí que me lo he pasado bien —susurré cerca de su oído— Y por cierto… no eran bragas, era un tanga.
Sonreí ante aquello y me aparté. Éste me cogió del brazo, haciéndome girar y quedar cerca de él nuevamente.
— Pero era rojo ¿A qué sí? —sonrió entre dientes. Arrogante.
No le contesté, simplemente me reí y me soltó. Me alejé de la moto y entré en casa, girándome una vez para mirarlo. No se puso el casco, simplemente lo guardó y antes de arrancar me dedicó una de sus sonrisas matadoras.
La voz de mi madre interrumpió mis pensamientos y cerré la puerta de golpe.
— Hola mamá. —saludé aturdida.
— ¿Dónde estabas? Hanna me ha llamado preocupadísima porque habías desaparecido del parque y te he estado llamando y no contestabas.
— ¿Qué?
Maldita sea. Se me había olvidado por completo Hanna, Samuel y Jayden. Vale… estaba metida en un buen lío.
— Tenía… tenía el móvil en silencio. —me excusé.
— ¿Y por qué te fuiste? ¿Dónde has estado?
— Con Zayn. —la voz de Thea sonó cercana. La maldije en mis adentros y le dediqué una mirada asesina.
— ¿Zayn? ¿Quién es él? —mi madre miró a Thea y luego me miró a mí.
— Un amigo. Mi compañero de biología. —me crucé de brazos y quise caminar a mi cuarto.
— ¿Qué hiciste con él?
— ¡Mamá! —exclamé mirándola.
— ¡Quiero saber qué hace mi hija con los chicos!
— ¡Por Dios! Soy ya bastante mayor como para saber qué hago y qué no ¿No crees?
— Y yo soy tu madre y no puedes pretender que no me preocupe por ti. Una cosa es que quedes con ese chico en horas de escuela, para hacer trabajos o con amigos. Otra muy distinta es que quedes con él por las noches y encima dejes a tu amiga plantada para irte con él. Eso no me demuestra nada bueno.
— ¡No hemos hecho nada! Simplemente hemos ido a jugar al pool un rato. Nada malo. Es un buen chico. —mentira.
— ¿Te gusta?
— Mamá… —murmuré entre dientes— No… no lo sé. Es guapo y atractivo pero no lo conozco mucho.
Comencé a subir los escalones para ir a mi cuarto y su voz volvió a llamar mi atención.
— Otro motivo más para preocuparme. No le conoces. Quizá sea un lunático y quiera violarte.
— Mamá… deberías descansar y pensar lo que estás diciendo. No puedes ser tan exagerada.
Dicho aquello subí a mi cuarto dando zancadas y cerré la puerta tras de mí dando un portazo. Acto seguido me metí en el cuarto de baño y tras quitarme la ropa y abrir el agua templada, me duché. Una vez salí me enrollé en la toalla blanca y sequé mi pelo con la toalla de manos para después salir del cuarto de baño y sentarme sobre la cama. Algo pareció clavarse entre mis piernas y enseguida me levante. Fruncí el ceño al ver un sobre bastante pequeño. Lo cogí y miré a ver si tenía algo escrito. No. No había nada. Por lo menos no fuera así que me dignaría a abrirlo.
< No deberías de estar tan tranquila. No cuando el demonio está caminando junto a ti. Cuidadito, no toques lo que es mío>
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y el miedo se apoderó de mí. Miré a la ventana y luego a la puerta. Juraría que aquel sobre no estaba aquí cuando entre… Pero tampoco iba a poner la mano en el fuego puesto que no me había fijado mucho en mi alrededor cuando había entrado. De todas formas, aquel no era el problema, el problema era aquel maldito sobre. ¿Quién lo había puesto? ¿Quién había entrado a mi cuarto para dejarlo claramente para mí? Esto no lo habían enviado a través del cartero… puesto que sino traería remitente y esta vez no era así.
Estaba asustada y me sobresalté aún más cuando unos golpes fuertes en la puerta llamaron mi atención.
— ¿Heäven? ¿Puedo pasar?
La voz de mi madre me tranquilizó. No contesté, ella simplemente abrió la puerta y entró. Dejé el sobre con la nota en uno de los cajones del tocador y mi madre cerró la puerta para recostarse sobre ésta y mirarme.
— Qué mayor estás. —dijo melancólica y caminó hacia mí para abrazarme.
— Mamá… —murmuré algo irritada y abrazándola también. No pude evitar reír.
— Siento mucho lo de antes, pequeña. —sonreí humildemente— Entiéndeme… no puedo estar tranquila. Hace un año perdimos a tu padre… Eres lo único que me queda y me da miedo con quien te juntes.
— Lo sé mamá pero… tampoco puedes vivir con el miedo siempre. Además, me falta poco para cumplir los 18. ¿No crees que ya soy mayor?
— Sabes que por muchos años que cumplas nunca dejarás de ser mi prioridad. Te tengo que cuidar y proteger. —acarició mi rostro y cerré los ojos ante aquella caricia. — ¿Te gusta?
— ¿El qué? —contesté con una pregunta, algo aturdida.
— El chico ese. Zayn.
No pude evitar sonrojarme al pensar en él y me separé de ella para así caminar hacia la cama y sentarme sobre ésta, cogiendo un cojín entre mis brazos.
— Eso es que sí. —dio por hecho bastante contenta.
— No… A ver… —quise explicarme pero nuevamente una sonrisa se apoderaba de mi rostro. Maldita sea— Es… guapo. Muy guapo. Y… es sexy.
— Esos son los peores.
— Él es de los peores. —reí al pensar en él y mi madre me empujó haciéndome caer tumbada sobre la cama y con el cojín aún abrazado a mí— Es bastante arrogante pero… es bueno en el fondo. —la miré y ella me sonrió con la mirada.
— Tu padre era igual.
Un nudo se formó en mi garganta y estómago, haciendo que la sonrisa se me borrara de golpe y me volví a reincorporar sobre la cama, mirándola.
— Era muy arrogante… pero aquello le hacía muy sexy.
— ¿Le sigues queriendo? —me miró bastante obvia y sus ojos se aguaron.
— Claro que sí… —un hilo de voz salió de su garganta y me arrastré hacia ella para abrazarla. — Siempre lo quise.
— Y ¿por qué te estás viendo con el padre de Brittany Strauss?
Aquello estaba claro que no se lo esperaba. Se quedó como una piedra y… salvada por la campana su móvil comenzó a sonar. Se hizo la loca y contesto, huyendo de mi cuarto. Antes de salir por la puerta gritó un “Llama a Hanna” que me dejó descolocada.
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