domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 5

Nada más entrar, Dorothea se asomó para verme y parecía asustada. Ésta caminó hacia mí y me palpó el rostro, a la vez que los brazos y nuevamente volvió al rostro. Me encontraba en shock completamente.

— ¿Se puede saber qué pasa? —pregunté por fin.
— ¿Estás bien, niña?
— Claro... —susurré.
— Tenía un mal presentimiento. ¿Con quién estabas?

Aquello me asustó, sí. Dorothea siempre había tenido un sexto sentido para esas cosas.

— Zayn. —ésta frunció el ceño, queriendo más información.— un compañero de clase... 
— Sea quien sea no me hace sentir confortable. ¿Por qué estabas con él? ¿No ibas con Hanna? —asentí.
— Sí, lo que pasa es que la muy... —no dije la palabra y suspiré— Hanna no quiso traerme porque era tarde y sus padres no le dejan conducir a estas horas y mucho menos hasta aquí, que está solitario. Decidí venir caminando y entonces, para suerte o desgracia, me encontré con Zayn y se ofreció a traerme. Pero estoy bien. Te lo juro.

Thea pareció quedarse más tranquila, pero alguna especie de brillo extraño en sus ojos me decía que seguía preocupada. Al final soltó un suspiro y se encaminó hacia las escaleras.

— Está bien, ¿has cenado? —negué— he dejado la cena que he preparado en la cocina, yo voy a salir a hacer unas cosas.
— ¿Ahora?
— Claro. Son urgentes. —algo no iba bien.
— ¿Cómo piensas irte? Es de noche y... y ¡es de noche! —exclamé, exaltada.
— Llamaré a un taxi, no te preocupes.

Dicho aquello, desapareció en el pasillo de arriba.


Tras cenar y haber hecho un pequeño análisis de todo lo sucedido caí en la cuenta de que se me había pasado por completo comentarle algo a Zayn sobre lo de qué hacía él esta tarde en Portland y sobre todo con Jèrome, intercambiando un par de palabras de las cuales me jugaba el cuello a que no eran para nada amistosas.

Por otro lado, una parte pequeña y mínima -mentira, era más bien la parte de mi ser- se encontraba saltando de... ¿felicidad? ¿alegría? no quería saberlo, solo sabía que sentía una gran excitación y adrenalina por haber quedado con Zayn el jueves. Digamos que una sonrisa tonta se había plasmado en mi rostro más de una vez ante aquel pensamiento... Era algo totalmente estúpido ya que lo conocía de ¿dos días? Sí, dos miserables días. 




Un días más, me encontraba caminando hacia el instituto ya que Hanna, como de costumbre estos últimos beses, había decidido no venir a recogerme. Si ya estaba cabreada por la gran putada que me hizo ayer -aunque en verdad se lo agradecía porque sino no habría visto a Zayn- esto lo terminaba de rematar.

Sentí como mi cuerpo rebotaba al chocar contra algo sólido. Mierda, ya estaba haciendo el ridículo y acababa de empezar el día.

— Lo siento... —me disculpé y entonces me fijé en quién se trataba. Jèrome.
— No te preocupes, Heäven. —una sonrisa de disculpa se deslizó por su rostro— ¿Adónde vas?
— Al instituto... —dije con algo de obviedad pero sin que se notase mucho.— ¿Y tú?
— Por ahí. —se encogió de hombros— digamos que tengo cosas más importantes que hacer.
— Ya, como joderte el futuro ¿No?

Él rió.

— Nena, yo ya no tengo futuro que joderme. Y sino me crees, pregúntale a Zayn, es otro como yo. Un miserable más.

Aquello me dejó tocada por completo. ¿Qué tenía que ver Zayn en ésto?

— ¿Qué relación tienes con Zayn? —pregunté de repente.
— Son asuntos privados, sino te importa, no quiero meterte en esto.

Mordí mi labio inferior con fuerza, pero no de la rabia, sino más bien porque no sabía como tomarme toda aquella situación. Aquello era un pozo sin fin.

— ¿Decías que te ibas por ahí, no? —asintió— ¿Puedo ir contigo?

Éste sonrió, con arrogancia. Vaya, ya tenía cosas en común con el moreno.

— ¿Para qué? ¿Hanna te dejará? —se burló, yo achiné los ojos.
— No tengo por qué pedirle permiso a Hanna para irme contigo.
— ¿Y Zayn?
— A Zayn menos. ¿Puedo ir contigo o no?

Jèrome se encogió de hombros e hizo un gesto con su cabeza para que lo siguiera. Vale, ahora era cuando me replanteaba que qué narices estaba haciendo. Porque aquello no tenía nada de normal en mí. A veces sentía como si manejaran mis decisiones. Como si alguien ajeno a mí se encargara de llevar mi vida. Sí, aquello sonaba escalofriante.

Sin más, lo comencé a seguir y pronto llegamos a una moto. Vale, joder cómo estábamos con las motos.

— ¿Las regalan con una revista o qué? —pregunté, mirándola con asco.
— Es un regalo. —palpó la tapicería negra de ésta y me ofreció un casco. Él también se puso uno.
— ¿Eres mortal? —bromeé, riendo y poniéndome el mío.
— No me apetece pagar una multa. Esa es la verdadera razón.

Al decir aquello arrancó el la moto y me subí tras él, apoyando mis manos en sus hombros para agarrarme. Pronto arrancó y nos encontrábamos a una gran velocidad. Digamos que sí, él y Zayn tenían más de una cosa en común. 

Tras un viaje de unos diez minutos como mucho, paró en frente de una especie de local. Bastante grande, por cierto, y un letrero de luces de neón -seguramente- apagadas adornaban la parte superior del local. "Arcade Bo"

— ¿Qué es esto? —pregunté una vez bajé de la moto y me quité el asco, peinándome en el instante. Éste hizo lo mismo y me hizo una seña con la cabeza hacia el letrero— Sí, lo he leído, pero no sé qué es.
— ¿Nunca has estado? —sonrió. Yo negué— Vaya, tengo el placer de ser el primero en traerte... Interesante.

"Ja, ja. Qué gracioso." pensé, pero simplemente lo fulminé con la mirada.

— Aquí es donde conseguí la mano. —comenzó a caminar hacia el local y yo le seguí— jugamos al billar, poker, etc.
— Oh, ¿y con el dinero apostado te has comprado la moto? —pregunté, con inocencia. Él negó.
— No apostamos dinero, apostamos material. Es decir, casas, coches, locales... etc. Eso genera mucha pelea —se encogió de hombros y entramos.— ¿Tienes dinero? —negué— bueno, supongo que no importa.

Jèrome le hizo una seña a un hombre bastante grande y completamente tatuado Éste se acercó y nos miró a ambos. Jèrome pagó un billete de diez dólares y minutos después pasamos ambos. El local, para tener que pagar aquella cantidad por entra, era una completa birria. Ahora mismo había a penas un par de mesas de poker llenas por un par de hombres y mujeres. Éstos se quedaron mirándonos a ambos, o por lo menos a mí y luego seguí a Jèrome hacia la zona de arriba, donde se escuchaban golpes constantes. Supuse que era la zona de mesas de billar.

— ¡Kansas! Hasta que llegas. —comentó un chico que parecía un poco más mayor de lo que Jèrmoe lo era. Aquello significaba unos 20 años. El chico me miró.— ¿La vas a apostar?

Repugnante.

— No. Se ha acoplado. Me la he encontrado y ha querido venirse.
— Vaya, vaya... así que ya tenemos al joven Jèrome acechando a jovencitas. —me miró— ¿cómo te llamas, guapa?
— Heäven. —dije en un tono firme.
— Es un ángel. —dijo con ironía y varios estallaron a carcajadas. Jèrome en cambio simplemente esbozó una sonrisa.
— Digamos que se la he robado a Malik. Por unas horas.
— ¿A Malik? — silbó, como queriendo darle algo de peligrosidad al asunto— no te metas con él. Lo sabes.
— ¿Zayn viene aquí también? —pregunté y Jèrome asintió.
— Es el mejor jugador que hay. Digamos que si fuese por mí ya le habría partido la cara hace tiempo. Menudo hijo de puta.

Miré a Jèrome.

— El muy maldito se quedó con la mujer de mi vida. —se quejó.
— Su moto. —me explicó Jèrome.

Suspiré de alivio y asentí de inmediato.

— Bueno, nena, voy a jugar una partida al billar tú quédate mirando y toma —me dio un billete— pídete algo de beber si quieres.

Dicho aquello me guiñó un ojo y cogió uno de los tacos para jugar al billar. Yo simplemente me quedé sentada sobre una de las sillas que había cerca y me quedé mirándolos jugar durante una larga partida. Opté por pedirme una coca-cola light y unas patata para acompañar. A las dos horas, tras varias discusiones y peleas, lograron terminar.

— ¿Quieres probar? —me propuso Jèrome, yo negué con la cabeza y éste se encogió de hombros.





Cerré la puerta de mi casa tras de mí. Había llegado sana y salva y... no había nadie en mi casa. Como de costumbre. No, ni por asomo era la hora de salir del insituto, pero tenía aquella ventaja de estar sola prácticamente la mayoría de las horas del día como para escaquearme de aquel tipo de asuntos.

Caminé hacia mi cuarto y una vez me tiré sobre la cama me quedé completamente pensativa, recapacitando todo lo ocurrido en el Arcade Bo. Bueno, más bien todas las palabras dichas. Vale, Zayn era un tío de esos ¿Y qué? Me había imaginado algo peor... aunque teniendo en cuenta la pinta de esos hombres y de sus comentarios... más la clara competencía que había entre Jèrome y Zayn me dejaban algo que pensar. Algo sin respuesta.

Cerré los ojos y tras sentir mis músculos prácticamente relajados sentí sumergirme en otro mundo y... empezaron a dar portazos a la puerta de abajo. Bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta sin más. La silueta de Zayn se encontraba frente a mí y, sin permiso alguno, empujó la puerta y se adentró en casa.

— ¿Dónde estabas? ¿Por qué no has venido a clase? —preguntó, alterado.
— No me apetecía. 
— ¿Dónde estabas?
— Zayn, no te importa.

Él rió.

— Depende de tu contestación me dejará de importar o no. Repito, por última vez. ¿Dónde estabas?

Su clara confianza y nivel de quererme hacer sentir presionada me irritaba y... funcionaba.

— Con Jèrome. —su mandíbula se tensó y se pasó la mano por el rostro— ¿Qué pasa?
— ¿Qué hacías con él?
— No. ¿Qué hacías tú con él ayer en aquel callejón? ¿Le ibas a pegar?
— No te importa. ¿qué hacías con él?
— Tampoco te importa.
— Mira, Heäven, lo voy a repetir una última vez. Más vale que me contestes porque sino...
— Sino, ¿qué? —le reté.
— Me veré obligado a utilizar otros métodos.
— ¿Me vas violar? ¿Abusarás de mí? —bromeé, cruzada de brazos. Él rió.
— Si quisiera abusar de ti o violarte, créeme que no me haría falta, tú sola terminarías pidiéndolo a gritos. Créeme, sería una de las mejores cosas que te pasarían en la vida —arrogante— Ese no es el tema. ¿Qué hacías con él?
— Me llevó a un sitio.

Zayn rodó los ojos, parecía molesto.

— ¿A qué sitio?
— Arcade Bo.

Sus ojos negros parecieron destellar rabia en aquel momento.

— ¿Te dijo algo? ¿Qué hicisteis?
— Zayn, estás queriendo meterte en cosas privadas ¿no crees? No es asunto tuyo, ¿vale? ¿Cuándo salga con Mathew también me pedirás detalles?

Mathew era el cerebrito de clase de Biología.

— Con Mathew nunca saldrías. —dijo, seguro y acertó.
— ¿Por qué no?
— Porque no es tu tipo.
— ¿Ah no? ¿Y cuál es mi tipo?
— Tiene que oler bien ¿Lo recuerdas? Mathew huele a mil demonios. A parte, debe de ser atractivo y digamos que Mathew está un poco en el paleolítico.

Sí, tenía razón.

— Tú también estás en el paleolítico a nivel intelectual, Zayn.
— ¿Qué pasó con Jèrome?
— Nada. Jugaron al billar, apostaron un apartamento en Forks. Ya está.
— ¿Nada más? ¿No comentaron nada? ¿No te dijeron nada?
— Bueno... un tipo te llamó hijo de puta por robarle a la mujer de su vida.
— Marco.
— Supongo. También dijeron que yo era un ángel y luego todos se rieron.

Zayn sonrió, acariciando su barbilla algo pensativo.

— ¿Te dijeron eso?

Asentí. Seguía sin pillarle la gracia.

— Digamos que tienen razón.
— No soy un ángel. —vi diversión en sus ojos negros. Suspiré, frustrada— ¿Me explicas ahora qué haces aquí y por qué tanto apuro? Acaso... ¿te gusto? 

No sé ni por qué pregunté aquello, más bien fue una broma. Él se mantuvo serio y se acercó a mí. Me erguí para parecer... ¿intimidante? Lo cierto es que me seguía preguntado si había alguien que pudiese resultar más intimidante que Zayn en todo el planeta tierra.

— No quiero que te juntes con Jèrome. No es buena compañía.
— ¿Por qué?
— No quiero meterte en esto. —pasó por mi lado para irse, pero yo me giré, captando su atención.
— No lo entiendo. ¿Qué tenéis entre manos? Jèrome me dijo lo mismo.
— No te conviene estar metida en ésto, Heäven.

Parecía sincero y... bajé la guardia.

— ¿Sigue en pie la cita de mañana? —pregunté, él sonrió y asintió.
— ¿Es una cita entonces? 
— ¿No lo era?
— No sé. No salías con extraños, ¿lo recuerdas?
— Digamos que ya se algo más de ti.
— ¿A sí? ¿Cómo qué?
— Juegas al billar. Apuestas casas, coches, motos... Y a saber si mujeres.
— No apuesto mujeres, las mujeres me las quedo, ángel.
— Eres un creído. —le comencé a empujar para que saliese fuera— espera... ¿has dicho ángel?
— ¿No te gusta?
— Lo siento, pero no. 
— Perfecto.
— ¿El qué?
— Que te llamaré así entonces, ángel.

De un empujón, lo eché por la puerta y cerré ésta de golpe. Para mi desgracia una jodida sonrisa se cruzó en mi cara. Era un idiota. Sí. Completamente.

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