domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 16

Mis ojos se entornaron al entrar en aquel cuarto oscuro, intentando divisar mejor lo que teniamos frente a nuestros ojos. La luz repentina me cegó y me giré, encontrándome a Zayn con su mano en el interructor. Según nos había informado el recepcionsita, llevaban desde que la tormenta había comenzado con problemas de electricidad... con lo cual nos había prestado un par de velas para encender cuando la luz fallara. Estaba claro que iba a pasar aquello.

Clavé mi mirada en la gran cama que se encontraba en el centro de aquel cuarto, perféctamente arreglada y mi vista se dirigió hacia la silueta de Zayn. Éste dejó las velas sobre una pequeña mesa redonda que había a unos metros de la cama y seguido de ello me miró.

— Voy a volver al coche a por un par de cosas. —comentó.
— Está lejos...
— Ya, te dará tiempo a ducharte. Volveré en media hora o incluso antes. No te preocupes por mí.

Me guiñó un ojo, mostrando su alter ego nuevamente y más tarde desapareció por la puerta. Mis ojos se entornaron y enseguida me deshice de la ropa para minutos después meterme en la bañera.

Los minutos pasaron y mi tranquilidad estaba a flor de piel. Me encontraba relajada, sintiendo como el agua cálida quemaba cada uno de los poros de mi piel. Verdaderamente aquello era lo que necesitaba. Pero mis ojos se abrieron de par en par, dando un pequeño respingo en cuanto escuché un ruido provenir de la habitación y la luz del baño se apagó. Continué escuchando ruidos y me pregunté si sería Zayn... aunque ¿cuánto tiempo había pasado? Verdaderamente había perdido la noción del tiempo desde que me había sumergido en mi mundo paralelo.

Una vez salí de la bañera y me encontré envuelta en la toalla, abrí la puerta del baño para entonces encontrarme con la luz tenua de las velas. Zayn se encontraba sentado sobre la cama, desabrochándose las deportivas negras.

— ¿Tú no estabas en el coche?
— Ya he vuelto. —contestó, sonriendo levemente y sin apartar la mirada de sus zapatillas. Una vez se las desabrochó se levantó y se quitó la camiseta ¿Qué hacía?
— ¿Qué haces?
— Voy a ducharme. 

Su mirada me recorrió con lentitud y deseo. Maldita sea. Sentí cómo me estremecí ante el tacto de su mirada y enseguida me crucé de brazos, aguantando más la toalla a mi cuerpo.

— ¿Pensabas ducharte conmigo dentro? —pregunté indignada. O más bien, haciéndome la indignada.
— Nena, deberías de relajarte un poco.

Una risa salió de entre sus labios mientras ahora dirigía sus manos hacia su pantalón y lo desabrochó sin dejar de mirarme. Sentí como mis mejillas ardían. Vale, me estaba poniendo roja y eso no sería buena señal. 

— ¿No vas a querer repetir la ducha conmigo?

Aquella sonrisa se tornó en una bastante pícara, una la cual prometía cosas y no precisamente buenas. Mi mirada se fijó en la suya e involuntariamente una pequeña sonrisa ladina se plasmó en mi rostro.

— No. —espeté sin más.

Zayn caminó hacia mí y se quedó alejado unos escasos centímetros. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo hacia el mío.

— ¿Segura que no? —sonrió antes de que yo me diese cuenta, éste se encontraba acariciando con una de sus manos la curvatura de mi cuello hacia mi hombro— podría frotarte la espalda... estoy seguro de que ahí no has llegado a enjabonarte. —pude sentir una sonrisa de burla en su voz y entonces acercó su rostro hacia mi oído— y tú también podrías frotarme otra cosa. 
— Ni en tus sueños más salvajes, cielo. —contesté, plantándole cara con una gran sonrisa.

El moreno relamió sus labios sin apartar sus ojos de los míos. Ninguno de los dos dijimos nada, simplemente nos dejamos invadir por el silencio hasta que yo decidí poner una de mis manos sobre su pecho y apartarlo con suavidad.

— Dúchate, anda. —musité, caminando hacia la cama y me senté sobre ésta. 


La puerta del baño se abrió minutos más tarde, dejando al descubierto a un Zayn con el cabello totalmente mojado, negro y rebelde. Tragué saliva, incómoda y ¿estaba temblando? Parpadeé un par de veces ante mi desconcentración y me levanté de la cama, aún cubierta por aquella toalla pero con la ropa interior puesta. Estaba esperando a que la ropa que había traido puesta se secara.

— ¿Todavía sigues así? 
— Mi ropa aún no está seca. —me encogí de hombros, pasando por su lado y entrando en el baño nuevamenta para ponerme frente al espejo del tocador, dispuesa a peinarme. 

Mis dedos se deslizaron con cuidado por mi cabello, intentando desenredarlo un poco primero y sentí la fija mirada del moreno en mí. Resoplé, apoyando con fuerza mis manos sobre el tocador y lo miré. Una sonrisa pirata cruzó su rostro, apoyado sobre el marco de la puerta y las gotas de agua delineando su perfecto torso. Maldito bastardo.

— ¿Qué? —espeté, enfadada.
— Nada... me haces gracia.
— Oh, vaya.

Abrí uno de los cajones del tocador, sacando uno de los típicos peines que ponían los hoteles para los inquilinos y su estancia. Puede que este motel no fuese nada del otro mundo pero se preocupaban bastante por la estancia de las personas que decidiesen pasar aquí las noches. Hundí aquel peine blanco de plástico en mi cabello rojizo. 

Repentinamente, la silueta de Zayn se puso detrás mía, desviando mi mirada de mi reflejo hacia el suyo. Su cabeza asomaba una cabeza y media por encima de mi hombro y su mirada casi más oscura que el carbón me erizó la piel al completo. Una mirada que sin duda alguna era imposible descifrar... Nunca nadie sabía -excepto él- qué estaba tramando. 

— ¿Qué quieres ahora? —pregunté cansada, esconciendo mis nervios.

El moreno humedeció sus labios y una de sus manos se posaron sobre mi hombro descubierto, acariciando el fino y negro tirante de mi sujetador de encaje. No. Aquello no me olía bien... ¿o sí?

— Zayn... no. —murmuré, cerrando los ojos ante el tacto. 
— Tenemos algo pendiente... —susurró, acercándose más a mí. Pude notarlo a causa del repentino calor que me invadió.

Sin pensarlo me giré, apoyando mis manos sobre el tocador y teniéndolo relativamente cerca. Alcé mi rostro, mirando el suyo cercano y perfecto. 

— En el caso de que quieras que pase algo... —comencé a hablar, disminuyendo el tono de mi voz conforme continuaba— será mejor que empieces besándome. ¿No?

Mis ojos se fijaron en sus rosados labios. Su mano se depositó sobre mi cintura y dejó un leve apretón, atrayéndome algo más a él. Tragué saliva, sintiendo la necesidad de lanzarme a él pero a la vez de correr lo más lejos posible. Mi cabeza gritaba peligro y mi corazón que saltara al vacío. ¿Debía hacer caso a la razón o a los sentimientos?

— Bésame. —ordené por fin. 

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