— Bésame —le ordené por fin.
Una lenta sonrisa lineal se postró en su rostro, con sus ojos clavados en mis labios. Juro por Dios que estaba a punto de pegar un salto, rodear su cintura con mis piernas y besarlo pero me encontraba totalmente paralizada, más aún cuando su mano se colocó en mi rostro y la suave yema de su dedo pulgar hizo contacto directo con la piel sensible de mi labio inferior.
— ¿Segura? —susurró y un suspiro por su parte chocó contra mis labios, haciendo que éstos se entreabrieran al instante y mis párpados cayeran— No te convengo, Heäven.
Mis ojos continuaron cerrados a causa del increíble roce de sus dedos sobre mi piel y labios. Una auténtica delicia. Abrí los ojos lentamente, encontrándome con las perfectas facciones de su rostro a escasos centímetros del mío. Incitándome a que mordiera cada una de sus anatomías, trazadas con cuidado. Habiendo hecho la perfección.
— Bésame... —volví a pedirle, ésta vez en un tono de súplica y desesperación. Mis brazos se posaron sobre su pecho y mis ojos aún seguían clavados en sus labios.
Sin pensarlo más, me puse de puntillas y capturé su labio inferior entre mis dientes, tirando de éste para después llevar una de mis manos hacia su cuello y atraerlo más hacia mí, de tal manera que mis labios lograron rozar los suyos completamente. Hundiéndome con él en un beso.
Sus labios se entreabrieron, lentamente pero sin dejar de lado la desesperación. La suavidad de su lengua me invadió, sintiendo como ambas lenguas se rozaban y peleaban por mandar en aquel beso el cual ahora se había vuelto algo más salvaje y feroz. Definitivamente, ésta era una de las mejores sensaciones que había sentido en mi vida. La calidez de él en sí. No solo la de su boca, si no la que lograba trasmitirme con cada uno de sus roces. El roce de su nariz contra mi nariz, sentir sus largas pestañas rozar con suavidad de vez en cuando mis mejillas... Era todo una maravilla.
Mis brazos rodearon su cuello rápidamente, sintiendo la necesidad de unir nuestros cuerpos al cien por cien y sin dejar que una gota de aire se colara entre nosotros. Sentí como la toalla que llevaba puesta aflojó, pero se mantuvo firme a causa de que nuestros cuerpos estaban pegados. Zayn llevó una de sus manos hacia mi rostro, deslizándola hacia mi cuello y acercándome más a él. Fue entonces cuando decidió echarse un poco hacia atrás pero sin dejar de besarme, haciendo que la toalla cayera al suelo y solo estuviese cubierta por mi ropa interior.
De un pequeño impulso, me senté sobre el tocador, abriendo mis piernas para que el cuerpo de Zayn se acomodara entre éstas. Así lo hizo. Su mano se deslizó desde mi cuello hasta mi hombro, haciendo que el tirante de mi sujetador cayera por mi brazo hasta por encima de mi codo.
Mi cuerpo ardía. Y es que cuando me encontraba cerca de él todo se convertía en un fuego negro. Un fuego oscuro. Maldito. Como el mismísimo infierno. Y es que Zayn, era el infierno convertido en humano. De eso estaba totalmente segura. Ante la desesperación, no pude evitar gruñir contra sus labios y mis piernas se apretaron más alrededor de sus caderas, haciendo que su pelvis chocara contra mi zona más íntima y así soltar un suspiro de frustración contra sus labios.
Perfecto. Aquello alimentó su ego, puesto que una sonrisa bastante audáz despegó de entre sus labios haciendo que de alguna forma u otra, el deseo ardiera más en mi interior.
— Quítame el sujetador... —pedí inconscientemente.
No. Definitivamente aquella no era yo.
— No vayas tan rápido... —susurró contra mis labios, teniéndome completamente embobada. Su rostro vagó acariciando mi mejilla con sus labios y paró en mi oído— Puedes ser toda mía... ten claro que pienso disfrutarte y la desesperación y rapidez no están en mis planes.
Cuando pensé que aquel hombre no podría frustrarme más; me equivoqué. Claro que podía, y lo peor de todo es que cada vez que se lo hacía dudar, el daba un paso por delante de mí. Ganándome en aquella batalla que ninguno de los dos estábamos dispuestos a perder. La cosa era... ¿Hasta dónde pretendíamos llegar?
Me sentí más vulnerable cuando sus labios juguetearon con la suave piel de debajo de mi oído, haciendo que su lengua dejara leves masajes sobre aquella zona que sin duda me llevaron a querer ahogarme en un fuego infernal. Mis párpados cayeron y simplemente me limité a dejarme llevar por sus besos. Cálidos. Rodeé su cuello con mis brazos y dejé que mis manos cayeran por su espalda. Acaricié ésta y fue entonces cuando noté como la piel dejaba de ser suave para convertirse en áspera y a comparación del resto de la piel que estaba tocando, se elevaba sobre su piel. Parecía una cicatriz. Por alguna extraña razón quize continuar tocando. No me daba asco ni miedo experimentar con aquello. Todo en él era tan terriblemente perfecto que hasta una cicatriz me parecía un símbolo de la más sobrehumana perfección en él.
Antes de poder avanzar con aquello, sentí un frío invadirme y abrí mis ojos. Zayn se había apartado de mí por completo y ni si quiera me miraba pero pude notar como sus ojos oscurecían y enseguida salió del baño a toda prisa. Me dejó desquiciada... pero sobretodo anonadada ¿Qué había sido eso? ¿Por qué lo había hecho?
Cuando salí del baño y lo vi vistiéndose nuevamente, un repentino miedo me azotó y lo miré. Sobresaltada.
— ¿Qué ha pasado? —susurré, aterrada.
— Nada.
Tajante.
— ¿Cómo que nada? Estábamos... estábamos bien. —aquello lo dije con miedo, sintiendo el frío invadirme. La ventana estaba abierta y las cortinas se movían al son del viento.
— Ha sido suficiente.
Se encogió de hombros y se sentó sobre el colchón, sacando del bolsillo de sus pantalones un paquete de cigarrillos. Sacó uno y lo encendió. ¿Quería hacer como que nada de ésto había pasado? Bien. Pues así sería. Pero yo misma tenía más que claro que esto no se iba a quedar así.
— ¿Qué tienes en la espalda? —pregunté de repente.
Pude notar como aquella pregunta le incomodó, puesto que sus hombros de tensaron al igual que su rostro el cual se encontraba clavado en el suelo. Ni si quiera me miró, simplemente se limitó a tirar el humo por la boca de una manera tan jodidamente sexy que si no fuera porque ahora mismo estaba en posición de defensa me habría arrodillado ante él. Literalmente.
— Unas cicatrices. —soltó sin más y me miró— ¿Por qué? ¿Es algo malo?
— Eran muy grandes.
— Ya. Hay otra cosa que tengo más grande y no preguntas.
Sentí como mis mejillas enrojecían de forma bestial pero mi mirada no se apartó de la suya.
— ¿Peleas callejeras? ¿Algún pasado lejano del cual huyas?
Me crucé de brazos, olvidando por completo que me encontraba solamente en mi ropa interior. Vaya, por lo menos esperaba que él pudiera disfrutar de ello.
— Tú sabrás. Eres tú la que ha cogido mi expediente académico para ver si soy alguna especie de psicópata. ¿O no?
Parpadeé un par de veces, sorprendida por aquella contestación.
— ¿Prefieres que rebusque en tu historial o que te pregunte a ti de frente? No. No confío en ti.
— ¿De verdad lo dices? —echó la cabeza hacia atrás, riendo, como si le hubiese contado un chiste— Bueno... pues tu forma de demostrar la desconfianza me sorprende.
— Soy una caja de sorpresas.
— Ya lo creo. A saber que escondes debajo de ese sujetador.
Éste frunció los labios para evitar que una sonrisa se le escapara y le delatara. Sí. Se lo estaba pasando realmente bien. Pero lo gracioso es que cuando se trataba de hablar de él, todo se convertía en oscuridad... En cambio cuando hablábamos de mi, su rostro se tornaba en un completo cuento de hadas. Parecía hasta feliz.
— ¿Por qué estás tan interesado en cualquier cosa que venga de mí?
— ¿Interesado? —enarcó una ceja— Estoy fascinado. Eres realmente entretenida. Me gusta pasar tiempo contigo... sobretodo cuando estás en ropa interior. Es un gran espectáculo. Ya que estás podrías hacerme un stripties.
Su sonrisa se tornó en una de pirata y se recostó sobre la cama, apoyándose sobre sus codos para estar erguido y poder observarme mejor. Como acomodándose para que yo le diera pie a un gran espectáculo de cabaret. Sí. Definitivamente se estaba riendo de mí.
Me quedé inmóvil, mirándolo con un deje de fastidio que él enseguida pudo notar. Luego abrió la boca para hablar y dijo:
— Dime... ¿A Samuel y Jayden también les robas el expediente o eres más directa? Quiero decir... ¿Les dices que quieres tema sin informarte de su pasado o les haces como a mí? —volvió a llevarse el cigarrillo a los labios y sin dejar de mirarme dio una calada. Imbécil.
— En ellos confío.
— No deberías.
— ¿Por qué no?
— Créeme, les conozco bien y sé lo que quieren y lo que buscan.
— ¿Ah sí? —sonreí con ironía— ¿Y qué quieren?
— Te quieren a ti.
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